Aún en los tiempos que corren, tenemos que ajustar al máximo nuestros »filtros» mentales para entender aquello que nos rodea, que nos influye y sobre lo que podemos influir. No es hablar del pasado, del presente o del futuro, es darnos cuenta de nuestra posición relativa en el escenario general, por el impacto de los cambios.
En esta vida inestable, pasajera, es esencial contar con relaciones libres y abiertas con la realidad, para promover los cambios que el momento exige. La creatividad y la capacidad de romper con lo conocido, históricamente, ha costado el sacrificio y la vida a muchos que cuestionan lo que está establecido como realidad, una realidad que solo beneficia a unos pocos, que ignoran la voluntad de la gran mayoría, que viven otra realidad. En cambio ahora, surgen los indignados, quienes exclaman que hay que poner fin a esa intolerable situación y sus protestas las extienden mediante una convocatoria global, traducida en innumerables lenguas, movilizaciones y una gran masa que se coordina por internet, a través de las redes sociales. Muchas manifestaciones tienen como lema: Unidos por un cambio global. El mapa se amplia y se suman más de 300 países con demandas contundentes a políticos, ejércitos, gobiernos y élites financieras, pero dentro de una plataforma pacífica y creativa. Ya surgió en Santo Domingo el movimiento Los Indignados, y tiene su propia agenda, con una diversidad de opciones.
Los Indignados asumen que es imprescindible abrirse paso a partir de una actitud revolucionaria, no subversiva, pero sí de transformación y de aprendizaje, para alcanzar el objetivo superior de crear valores y una vida con equidad. Más allá del heroísmo espectacular que atrae a los jóvenes y adultos indignados a acelerar sus vidas, esta revolución es un acto conservador para sobrevivir dinámicamente en situaciones imprecisas como la que vivimos y viviremos. Las cosas tienen sus procesos hasta la libertad de pensamiento tras un futuro deseado.
