Trabajar bajo riesgo
Las agresiones contra periodistas, fotógrafos y camarógrafos, en las últimas semanas, han ocurrido con un nivel de frecuencia preocupante.
Parecen acciones de tiempos pasados que muchos habíamos creído superados.
Al riesgo que conlleva el ejercicio profesional del comunicador o la comunicadora, quien debe estar en la calle en horas no siempre adecuadas y soportar los rigores de ambientes que a veces le son hostiles, se añade ahora el hecho de ue personas que tienen deudas pendientes con la Justicia, en muchos casos ligadas al narcotráfico, ofenden y amenazan en público, intentando impedir que sean difundidas informaciones que, entienden, les hacen daño.
Nunca esas informaciones llegarán a hacerles a esas personas un daño comparable al que el tráfico de estupefacientes le ha hecho y le sigue haciendo a la sociedad.
Es hora de que, quienes trabajamos en medios de comunicación o ejercemos oficios relacionados con el periodismo, exijamos respeto para el sector.
Es necesario que todos tomemos conciencia deque debemos ser solidarios y responder de manera colectiva a quienes pretenden dañar, física o moralmente, a nuestros colegas.
La comunicación, en sus diferentes ramas, es un ejercicio democrático que, como tal, fortalece el Estado de derecho y contribuye con la defensa del respeto a las libertades públicas.
Como entes sociales y como seres humanos conscientes, estamos en el deber de evitar que queden impunes las ofensas contra quienes realizan un oficio en beneficio de la colectividad. Y el compromiso se hace mayor para quienes estamos ligados a los medios de comunicación.
Es hora de que nuestra profesión deje de ser peligrosa en sí misma.
