¿Trujillito, una tendencia?. A través de los años el Trujillismo ha sido contagioso, a veces, por imitación inconsciente, gestos, palabras, comportamientos, y otras… Un “trujillito” no es un vampiro que sale desde un ataúd por la noche necesariamente, en busca de sangre, sino energía emocional. ¡Claro! De quien se la deja sustraer. Ya los hemos visto… En la calle a plena luz del día, en nuestro trabajo y en múltiples escenarios del diario vivir de la sociedad… Si, ahí están, con necesidades internas que los convierten en depredadores inescrupulosos. En ocasiones, con un complejo de autoridad jerárquica como si hubiese adquirido un doctorado para humillar, que sus funciones le confieren, avasallan, apabullan, atropellan, se creen superiores, como si nada, lo que atenta por su repetición y sistematización contra la dignidad de las personas. Vistas así las cosas, parecería que impera la ley del más fuerte, nada más absurdo. Creo en la confrontación de ideas y la evaluación reciproca, ningún ser humano tiene línea directa con fuente de verdades absolutas. Todo el tiempo estamos obligados a verificar la solidez de nuestras convicciones. Y es prácticamente inevitable que ese esfuerzo nos lleve a someter nuestras certezas a la crítica ajena. Los miembros de las sociedades democráticas contemporáneas no somos mujeres y hombres, vulnerables a ningún caprichoso con cierto poder o dinero, sino mujeres y hombres que preferimos vivir en instituciones democráticas, que respeten el libre albedrio. En este sentido puedo afirmar, que cualquier poder es relativo. Entiendo, que la coexistencia social debe darse bajo normas que todos podamos aceptar, en lugar de fundarse en la fuerza, manipulacion, o en alguna autoridad abusiva y desequilibrada.

