Opinión

Precisamente

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Políticos enojados

A menudo, vemos políticos enojados… por elección, por carácter, por estructura, formación y hasta por decisión y voluntad.

Evidentemente, en política existen personalidades muy distintas y eso es lo que enriquece el escenario cuando se enojan.

El enojo es un sentimiento que forma parte de la vida. Nunca puede evitarse totalmente, pero sí se puede manejar con naturalidad. Este no debilita. Algunos políticos en sus enojos utilizan una serie de códigos que no dirigen otros.

Hay quienes comunican ser muy impulsivos. Sus decisiones son casi por instinto y menos por racionalidad, otros se beben la vida de un trago y luego divisan las consecuencias, las cuales tienen, por supuesto, su cuota política.

Los ojos del país ven en la política un ambiente supremamente distendido, pero este mismo país sabe que en todos ellos también se genera una empatía suficientemente a conveniencia para la realización de un trabajo de equipo.

¡Todos son un equipo! Pese a sus formas de expresarse.

Llegado a este punto, la pregunta que surge es: ¿Por qué se enojan los políticos?

En los políticos, como para las demás personas, el enojo es un sentimiento integrado a vida. El dolor y el enojo siempre van unidos, a pesar de que el enojo se origina en el dolor.

En ocasiones, se da tan rápido, que el dolor que lo motiva se pierde en la ofuscación del momento.

 Muchos individuos prefieren reaccionar con enojo antes que sentirse heridos, ya que consideran que sufrir es un signo de vulnerabilidad y por lo tanto de debilidad.

Pienso que el modo de conservar la perspectiva adecuada es estar atento a nuestras verdaderas emociones: ira, tristeza, miedo, alegría, amor, porque cuando ellas están confusas, su rumbo también lo está.

El enojo incontrolado suele expresarse en forma explosiva y  desencadenarse a raíz de un hecho que se asemeja al resentimiento oculto.

Si el patrón de retención de los sentimientos se estableció en la niñez, por temor a la venganza, cualquier enojo no expresado es capaz de crear un estado de inseguridad emocional y predisponernos a perder la paciencia.

El enojo pasado cuando está encubierto busca liberarse, tiende a incorporarse a cualquier enojo que se expresa en el presente. Entonces puede producirse una exageración por una vida equivocada.

Así, se puede concluir que el enojo es incorrecto.

¡Paradoja! Manifestar el dolor a través del enojo, es defender el derecho a vivir con autenticidad.

 Sólo desde la aceptación de nuestra vulnerabilidad podemos evitar ser heridos nuevamente.

 Muchos no nos  animamos a aclarar los propios sentimientos por temor a descubrir, donde están parados.

Y preferimos vivir en un mundo de ensueños.

Es mejor saber la verdad.

cesarpichardo1@hotmail.com

El Nacional

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