He tenido muy pendiente siempre la original labor que realiza la institución médica Premio Nacional de Medicina de República Dominicana. Soy el abogado que asesora jurídicamente desde su fundación, honoríficamente. Además, me motiva su trascendental actuación de reconocer en vida a cuadros médicos y a otras personalidades.
En esta décima premiación, dedicada al doctor Arnaldo Espaillat Cabral, maestro de generaciones, oftalmólogo. También fuimos reconocidos los doctores William Janna Tactuck, Miguel Suazo, Milton Pinedo, Franklin Gómez, Cleotilde Peña, la doctora Cabrera, así como don Albert Arnold Gore y el suscrito, Juan Arístides Taveras Guzmán, con certificados de ciudadano destacado en la defensa de la salud y el bienestar de la humanidad.
Me impresionó que el salón estaba a casa llena, así como, la sobriedad de dicho acto que comenzó mejor desde el momento en que lo celebramos en el Centro Médico de Otorrinolaringología de don Eduardo Mejía Javid, quien ocupó el centro de la mesa principal, con la presencia de casi todos los medios de prensa y células de todos los sectores, que asistieron a pesar de que la ciudad fue esa noche un solo tapón, lo que nos obligó a llegar retrasado algunos.
¡Qué lindas las palabras que expresaron los galardonados, y como siempre el presidente de dicha institución, el doctor Sergio Solís Taveras, vinculado con la genética del gran médico ido a destiempo, Juan Manuel Taveras, quien fue considerado el mejor neuroradiólogo del mundo. Vi ese criterio publicado en una revista norteamericana cuando vivía en Estados Unidos representando nuestro país como embajador extraordinario y plenipotenciario Jefe de la Misión Dominicana ante las Naciones Unidas. También me impactarón las palabras del destacado neurólogo José Silié Ruiz. Fue un acto mensajero e histórico que doblega la pésima costumbre que todavía afecta, de no reconocer en vida nuestros mejores ciudadanos. Muchísimos valores andan por ahí, inclusive probados como capaces y serios, no incluidos por pretextos baladies o actitudes inferiores o politiqueras, cuando al país le urge mas ayuda de sus buenos hijos.
Cuando me tocó hablar para agradecer la distinción, la emoción me arropó con las bellísimas palabras que me dedicaron el doctor José Silié Ruiz y doctor Solís Taveras. Expresé la importancia del reconocimiento en vida, y agradecí sinceramente, como acostumbro hacerlo.
Quiero expresar, además, mi solidaridad y pésame a los hijos, nietos, sobrinos y demás familiares del ex presidente Salvador Jorge Blanco, mi buen amigo, gran abogado y demócrata, conciliador que luchó tanto por madurar nuestro proceso democrático.

