Opinión

Presencia económica

Presencia económica

Las turbulencias monetario-financieras que atormentan a los países de la Eurozona deben ser monitorizadas por los gobiernos, políticos, economistas y ciudadanos de las regiones latinoamericana y caribeña  debido a la interdependencia de la economía mundial.

La Eurozona nació en 1999 cuando once de los países de la Europa Unida adoptaron al euro como moneda única, dejando atrás el uso de sus   monedas nacionales.

Ya son 17 los países que  han adoptado el euro como divisa propia. Desde enero del 2002 el euro circula bajo la forma de billete de banco por  el torrente monetario-financiero de la economía mundial.

Pero ya se habla de una posible fragmentación de la Eurozona, aunque al parecer Alemania  (considerado como el motor del euro) y Francia han unificado criterios para acudir presurosos hacia un nuevo esfuerzo de rescate financiero a Grecia, país que  experimenta serias perturbaciones político-sociales que amenazan con llevarse por delante al gobierno del primer ministro  Yorgos Papandréu.

En efecto, el pueblo griego ha salido a las calles para enfrentar las dolorosas medidas de ajuste fiscal exigidas por el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras entidades financieras internacionales, como una condición para poder desembolsar un segundo programa de rescate -que se estima en unos 130 mil millones de dólares- tendente a evitar la quiebra helena ante el impago de sus obligaciones externas.

Es cierto  que la edad financiera del euro (moneda única europea) apenas llega a los once años, pero se podría afirmar que los efectos desatados por la crisis económica mundial (2008-2009), unido a las fallas congénitas de la divisa europea, han puesto sobre el tapete la posibilidad real de que colapse la  Eurozona.

Las economías más estables y crecientes de la Europa Unida ven con recelo y hasta con aversión los recurrentes desembolsos financieros para el rescate  de los países que acusan una virtual bancarrota debido al astronómico endeudamiento público. 

Grecia, España, Portugal e Irlanda, entre otros  de la Eurozona, pusieron al desnudo  sus insostenibles achaques financieros colocando en posición de  jaque a los mercados bursátiles internacionales.

Pero hay un mal de fondo en la Eurozona: “Existe una política monetaria común, pero no una política fiscal común, y ambas cosas están indisolublemente unidas”, al decir del investigador alemán Nikolaus Piper  en su libro “La gran recesión” (2010). 

Hay presiones internas en varios países comunitarios para que abandonen al  euro (moneda única)  y se refugien  en sus respectivas monedas nacionales para auspiciar devaluaciones y así mejorar su capacidad exportadora.

La fragmentación de la Eurozona no será  de golpe y porrazo, pero no hay duda de que se avecinan movimientos telúricos dentro del territorio monetario-financiero de la Europa Unida, los cuales podrían incidir en una recaída de la economía mundial.

 ¿Fatalismo, pesimismo crónico? No. Realismo.

El Nacional

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