Opinión

Presencia económica

Presencia económica

Las reservas internacionales  de un país constituyen un factor importante para su desempeño monetario-financiero. Son depósitos de divisas (monedas extranjeras) que suelen estar bajo el control de los bancos centrales.

 Es claro que el dólar sigue siendo la divisa por excelencia en cuanto reserva internacional, al representar alrededor del 65 por ciento de las reservas mundiales, seguido del euro (moneda única europea) que ya concentra cerca del 26 por ciento de las divisas depositadas en los bancos centrales.

El yen (Japón), libra esterlina (Gran Bretaña), el  yuan o renminbi (China) y los Derechos Especiales de Giro (DEG), moneda contable del Fondo Monetario Internacional (FMI), constituyen otras expresiones de las principales divisas atesoradas por los bancos centrales.

A las citadas expresiones monetarias hay que agregar el oro, metal-refugio de aceptación mundial dentro del sistema monetario-financiero internacional debido a características de este metal que no serán tratadas en este artículo, pero que son hartas conocidas. Incluso hay quienes postulan por un retorno al llamado patrón-oro.

 En lo que respecta al euro conviene saber que éste nació en el 1999, pero su presencia bajo la forma de billete de banco data del 2002, año a partir del cual dejaron de circular en los mercados de bienes y servicios  las respectivas monedas nacionales de los países miembros de la Eurozona para dar paso a la moneda única.

 El euro es la moneda única de la Unión Europea (UE) y circula en 17 de los países miembros, al tiempo que se acepta en otros países del continente, tales como Andorra, Ciudad del Vaticano, Mónaco, Montenegro, San Marino, Kosovo e informalmente en Bosnia y Bulgaria.

Pero el euro se encuentra bajo el fuego de la inseguridad financiera comunitaria debido a los crecientes desequilibrios fiscales existentes en Grecia, Portugal, España e Irlanda, para sólo hacer referencia a las economías europeas que hoy esperan el flujo de oxígeno financiero de la UE para evitar la declaratoria de quiebra.

Bastaría con que Grecia demande oficialmente una reestructuración de su deuda externa por ante la comunidad financiera internacional para que el edificio monetario-financiero de la Eurozona comience a estremecerse. 

El Centro de Estudios de Políticas Europeas de Bruselas, Bélgica, no vacila en sostener lo siguiente: “Si no se resuelve la situación de Grecia, puede haber un efecto contagio sobre otras economías, con dificultades fiscales en Portugal, España e Italia. Si se produce este efecto contagio, el euro corre peligro.»

La credibilidad del euro está en cuestionamiento debido a la intervención directa del Fondo Monetario Internacional (FMI) en los asuntos monetario-financieros de Grecia, unido a la prohibición expresa contenida en el tratado de la Unión Europea para que los países comunitarios acudan al rescate financiero de un país miembro.

Y es que mientras los países de la Eurozona se rigen por la misma política monetaria dictada por el Banco Central Europeo, en materia de política fiscal (que tiene que ver con los ingresos y gastos del gobierno) cada país es libre e independiente, lo que plantea una contradicción en sí misma, pues dentro de la lógica de políticas públicas debería de existir una coordinación entre las políticas monetaria y la fiscal.

El Nacional

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