Opinión

Presencia economica

Presencia economica

¿Basta con alcanzar buenos niveles de aumento de la riqueza material para que la sociedad logre registrar puntos positivos dentro de la escala del Índice de Desarrollo Humano (IDH) concebido por el pakistaní Mahbub ul Haq (1934-1998)

y acuñado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) desde el 1990.

Al decir del indio Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998,  “el desarrollo humano, como enfoque, se ocupa de lo que yo considero la idea básica de desarrollo: concretamente, el aumento de la riqueza de la vida humana en lugar de la riqueza de la economía en la que los seres humanos viven, que es sólo una parte de la vida misma”.

¿Es posible alcanzar el desarrollo social  dejando de lado el crecimiento económico? Para la medición del crecimiento económico se estila hacer uso de un indicador económico que ha ganado aceptación internacional desde los tiempos del economista británico John Maynard Keynes (1883-1946): el Producto Interno Bruto (PIB), el cual expresa el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos por una economía en un período determinado,  generalmente un año.

Es cierto que la sola medición del PIB no permite apreciar el grado de desigualdades sociales que  suele existir al interior de una sociedad, pero su ponderación permite apreciar la magnitud de la generación de los bienes y servicios requeridos por las personas y el grado de pobreza y limitaciones en la calidad de vida del cuerpo social.

Así, por ejemplo, durante el traumático 2003 (año en el que la economía interna colapsó) la República Dominicana registró un crecimiento negativo del PIB  de 0,3 por ciento, a la vez que los indicadores sociales se movieron hacia abajo, aumentándose significativamente el desempleo  y lanzando a un millón y medio de dominicanos al pozo de la pobreza, según estadísticas ofrecidas por el PNUD.

Durante el 2001-2004 el desempeño de la economía nacional estuvo signado por el deterioro en el valor del PIB, el cual acumuló un tímido crecimiento de tan sólo 9,2 por ciento; en tanto que en el periodo 2005-2008 el crecimiento económico se situó en una tasa de 33,8 por ciento, mejorándose la calidad de vida de los dominicanos, incrementándose el acceso de la población a los servicios de salud, educación y transporte, a la vez que la tasa de desempleo descendió.

¿Cómo olvidar el hecho cierto de que para agosto del 2004 la tasa de desempleo en la zona urbana de la República Dominicana se situó en 18,4 por ciento, resultado directo de la quiebra masiva de centenares de empresas (pequeñas, medianas y grandes)  que quedaron atrapadas en medio  de la devaluación de la moneda nacional  y el caos monetario-financiero que se desató en el 2003 tras el colapso de  tres importantes bancos comerciales y las inadecuadas medidas económicas adoptadas por el gobierno de turno?

Es verdad que la medición del crecimiento económico a través del PBI no basta para determinar su impacto sobre el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de un país, pero es obvio que sin un aumento en el valor de la producción de bienes y servicios no se podría implementar proyectos efectivos de desarrollo económico y social.

La ruta del crecimiento económico debe ser recorrida por un país cuando aspira a enfrentar la exclusión y  las desigualdades  sociales, con miras a impulsar el mejoramiento en la calidad de vida de las grandes mayorías nacionales.

El Nacional

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