¿Convivir con déficit?
Lo ideal sería acogerse siempre al consejo que Polonio dio a su hijo en la obra teatral Hamlet del dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616): Ni prestes ni pidas prestado, pero en la vida económica eso no es posible
Nada mejor para un gobierno que desenvolverse en su desempeño económico con un superávit, es decir, con un balance positivo en su relación ingreso-egresos.
Lo ideal para toda economía es que los déficit, tanto fiscal como el comercial y financiero, queden atrás, pues a largo plazo, la persistencia, la recurrente de los déficits hacen vulnerable al aparato productivo, a la vez que sitúa a la macroeconomía en un estado de fragilidad e incertidumbre para el diseño práctico de políticas públicas.
Todo déficit presupuestal resulta tormentoso e indeseable para un Estado, cuyo gobierno está llamado a tomar conciencia de que ante semejante saldo negativo en las finanzas públicas, lo que se impone es saber convivir con el mismo, a la vez que se deben adoptar las políticas públicas pertinentes para alcanzar un equilibrio fiscal.
Fijemos la atención en el caso de la economía estadounidense.
¿Sabía usted que Estados Unidos es la economía que concentra los mayores volúmenes de déficit fiscal, comercial y de capitales? ¿Qué hará EE.UU. con su astronómica deuda externa? Estamos ante serios problemas estructurales.
Para mediados de 2008, antes de que la crisis económica desatara toda su furia sobre las finanzas públicas, el déficit público (que revela la relación entre ingresos y egresos) era de por sí preocupante al ascender a 460 mil millones de dólares. Pero para el año fiscal 2009 ese indicador superará los 1,8 billones de dólares.
Todo déficit presupuestal implica un exceso de gasto público por encima de los ingresos del gobierno. Y es claro que la persistencia del déficit fiscal es negativa para la economía general por cuanto tiende a afectar la productividad y el nivel de vida de la población.
El endeudamiento del gobierno se hace presente con el déficit presupuestal, pues para financiar ese saldo negativo tiene que recurrir o al aumento de los impuestos o a tocar las puertas crediticias en los mercados financieros internacionales.
En tiempo de crisis económica y falta de liquidez resulta práctico acudir al endeudamiento. Pero no hay que olvidar, ni por un segundo, que el déficit presupuestario tiende a reducir el ahorro nacional, al tiempo que frena la inversión.
En el caso de Estados Unidos, el déficit presupuestal se ha convertido en un verdadero problema estructural que cada día más se hace muy complejo. Se proyecta que para el cierre del 2009 este indicador representará cerca del 13 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).
En tiempo de crisis son muy frecuentes los análisis de coyuntura sobre el comportamiento de la economía, dejando a un lado los estudios de los problemas estructurales, lo cual constituye un grave error de políticas públicas.

