Las expectativas de una nueva recesión económica y la inminencia de turbulencias financieras sobre el panorama de la economía mundial han levantado a los indignados de Stéphane Hessel por los predios de Estados Unidos.
Stéphane Hessel con sus 93 años a cuestas- escribió, sobre la base de sus vivencias, el famoso libro ¡Indignaos!, el cual a guiado el accionar contra la indiferencia de miles y miles de personas en todo el globo terráqueo, convencido de que ésta es la peor actitud humana.
En calles y ciudades de EE.UU. aumentan las protestas contra el sistema financiero y las prácticas bancarias especulativas y ya superan las mil personas detenidas por participar en esas actividades.
También en la Unión Europea (UE) crecen las movilizaciones sociales ante el deterioro de la situación económica, sobre todo cuando llegan noticias preocupantes desde Grecia que preludian una posible quiebra del Estado heleno, el cual se ha declarado insolvente para pagar sus deudas y mantener a flote su estructura burocrática.
No es de extrañar que los bancos europeos también tengan graves problemas. Por un lado, porque muchos están comprometidos con las deudas de Grecia, Portugal, España e Italia. Pero además, porque podrían caer los negocios, a la vez que aumentarían las probabilidades de que muchos préstamos no se puedan recuperar.
Téngase en cuenta que una recesión puede ser definida como la caída del Producto Interno Bruto (PIB) de un país por dos trimestres sucesivos, lo que afecta los niveles de ganancias para las empresas, así como se registra un aumento del desempleo.
Esta definición se discute todavía si se aplica a algunos países europeos y a los propios EEUU, sobre todo después que se descubrieron caídas muy graves, que se habían ocultado fraudulentamente
Recordemos que durante la Gran Depresión (2008-2009) tanto en Europa como en EE.UU. se aplicaron políticas económicas anticíclicas llamadas a estimular las actividades productivas, comerciales y financieras. Es verdad que semejantes medidas aumentaron los déficits fiscales, pero evitaron la profundización de la recesión.
Pero el pecado capital estuvo en acudir a los bolsillos de los contribuyentes para salvar la irresponsabilidad y la contabilidad engañosa de poderosos banqueros que bien pudieran ser considerados como responsables de su propia desgracia.
Y ahora que por los predios europeos se sienten los vientos huracanados de una nueva tormenta financiera se hace necesario poner los ojos en las acciones de los bancos centrales para que éstos comprometan directamente a los bancos e instituciones crediticias privadas para que aporten su cuota directa de sacrificio en la prevención del estallido de una nueva y peligrosa recesión que ya toca la puerta.
Economistas como el norteamericano Joseph E. Stiglitz sostiene que los bancos centrales son instituciones políticas con una agenda política. Por eso los llamados bancos centrales independientes suelen ser presionados por los bancos privados a los que deberían regular por las políticas monetarias.
