Existe un dicho muy popular que reza: Nunca segundas partes fueron buenas. La expresión aparece en el libro Don Quijote de la Mancha (1605), escrito por Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), y trata de evidenciar que no necesariamente aquello que resultó positivo en un primer momento lo sería por igual más adelante.
El citado recuerdo literario sale a colación a propósito de la declaración conjunta ofrecida por Angela Merkel, jefa de gobierno alemán, y del presidente francés Nicolás Sarkozy, en el sentido de impulsar la recapitalización de la banca europea y el aumento de dinero en el Fondo de Estabilidad Económica y Financiera (FEEP) para ir al rescate de la maltrecha economía griega.
Los rescates bancarios parecen resucitar por los predios de la Unión Europea (UE) la experiencia vivida por la comunidad financiera internacional durante la Gran Recesión (2008-2009). Se recordará que el pánico se apoderó de los inversores, bancos centrales y gobiernos del mundo ante la quiebra de Lehman Brothers y otras importantes entidades financieras norteamericanas.
En efecto, ¿cómo olvidar aquella mañana del lunes 15 de septiembre de 2008 cuando el todopoderoso banco de inversiones estadounidense Lehman Brothers sorprendió al mundo con su anuncio oficial de quiebra, precipitando el estallido de una crisis financiera global que todavía, en sus orígenes, no ha podido ser superada?
Para ese entonces el Sistema de Reserva Federal (FED), que hace las veces de banco central de Estados Unidos, puso en movimiento operaciones de salvataje financiero nunca implementadas en la historia bancaria de la economía mundial mediante el Programa de Rescate de Activos Dudosos (TARP, por sus siglas en inglés), desembolsando más de 700 mil millones de dólares para facilitar liquidez a los bancos y la recapitalización de éstos y de otras entidades empresariales.
Otro tanto se hizo en la UE (aunque a un ritmo más lento que el implementado por la FED y el gobierno estadounidense), constituyéndose el FEEP, el cual originalmente contaba con unos 440 mil millones de euros y que en la actualidad se contempla ampliar, tal como lo hemos expresado precedentemente.
Comoquiera que sea los especuladores financieros siguen de cerca la implementación de acuerdos a través de la llamada troika integrada por Unión Europea (UE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) para deducir qué tan en serio existe la voluntad institucional de evitar el colapso de la Eurozona.
Y mientras todo eso ocurre en las economías desarrolladas, los países subdesarrollados siguen de cerca la volatilidad (variaciones) que se registran en los precios de los commodities (materias primas), especialmente del petróleo y los alimentos, productos básicos de exportación para muchas de estas economías.
A todo esto, miles y miles de personas indignadas dirigen sus pasos hacia Wall Street, Fráncfort, Tokio y otros centros financieros internacionales levantando su voz de protesta contra el rescate financiero de bancos privados culpables de su propia desgracia. Al parecer, segundas partes nunca fueron buenas.
