¿ADIÓS AL DÓLAR?
Si no se reformula el papel del dólar como divisa por excelencia del comercio internacional la marcha de la economía mundial registrará turbulencias financieras globales de manera más recurrente. En efecto, la persistente caída del billete verde en los mercados internacionales de capitales hace recordar al 1971, año en el cual la Administración Nixon dispuso la no convertibilidad del dólar en oro.
En un abrir y cerrar de ojos los bancos centrales del mundo se encontraron con un fenómeno financiero que hizo cundir el pánico entre los inversores: montañas de papel moneda almacenadas en sus bóvedas no podían ser cambiadas por el oro.
Lo que se estructuró en Bretton Woods (1944) en vísperas de la terminación de la Segunda Guerra Mundial fue un orden económico internacional basado en el patrón oro, en el cual se aprobó que la moneda norteamericana pasaría a ser también la divisa principal del globo terráqueo y que estaría sustentada en el valor del oro.
Eran tiempos gloriosos para la consolidación económica de EE.UU. El dólar se pavoneaba a sus anchas sobre el escenario productivo, comercial y financiero de la economía mundial.
A partir del 1991 emergió el euro (moneda única europea), convirtiéndose en una divisa competidora del signo monetario estadounidense.Mucha agua ha corrido por debajo del puente de la economía mundial.
Desde los años ochenta Estados Unidos ha ido acentuando su condición de país deudor del resto del mundo.
A sus astronómicos déficits presupuestal y comercial se le han unido los problemas derivados de la especulación desenfrenada en las bolsas de valores (Wall Street) y la notoria ausencia del ahorro interno debido al consumismo febril que por décadas a esclavizado a los ciudadanos estadounidenses.
Todos esos problemas estructurales (de fondo) se han puesto en evidencia desde finales del 2008, cuando se profundizó la grave y compleja crisis inmobiliaria, la cual estalló cuando los deudores hipotecarios no pudieron honrar el pago de los préstamos que habían tomado para la compra de viviendas.
Lo que en un principio se mostró como un problema de los llamados subprime (préstamos impagos) se transformó en un venenoso cóctel de problemas financieros preparado con un conjunto de ingredientes especulativos.
Se puso de moda el término activos tóxicos, que no eran más que deudas incobrables. Un dolor de cabeza. Entonces lo que en principio fue una crisis inmobiliaria (vinculada a las viviendas) se transformó en financiera, para más tarde afectar al conjunto de la economía real.
El desempleo ronda ya el 10 por ciento.
Y ante una economía norteamericana crucificada por insolubles problemas el resto del mundo observa con desconfianza como el dólar pierde valor frente a otras divisas internacionales, mientras Washington parece gozar con semejante situación, pues resulta ser el gran beneficiario en cuanto país emisor del billete verde.
