Opinión

Presencia económica

Presencia económica

Un Tratado de Libre Comercio (TLC) puede ser definido como un acuerdo comercial regional o bilateral mediante el cual las partes se comprometen a eliminar obstáculos arancelarios y no arancelarios al intercambio comercial, y a establecer los foros y procedimientos para dirimir las controversias que surjan entre los países.

La región latinoamericana y caribeña conoce una primera generación de TLC expresada en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) integrado por Canadá/Estados Unidos/México, el cual entró en vigencia en 1994.                                                              

Para esa fecha el valor del PIB de los tres países firmantes ascendía a poco más de 6 billones de dólares, correspondiendo a Estados Unidos un aporte del 84%, en tanto que Canadá lo hacía con un 11% y México se aportaba sólo un 4,5% de la riqueza creada  por los integrantes del NAFTA.

Debe de recordarse que el NAFTA surgió dentro de un contexto en el que las relaciones económicas internacionales se caracterizaban por una acentuación de la tendencia hacia la conformación de bloques comerciales, cuyas expresiones más concretas eran la Europa Unida, Japón y los países del Sudeste Asiático.

Algunos economistas sostienen que para el análisis de la viabilidad de un TLC  y la determinación de costos y beneficios para las partes vinculantes se debe tener en cuenta que en la práctica los conflictos surgen cuando son afectadas determinadas ramas o actividades productivas.

Ese tipo de eventuales ocurrencias se hacen más visibles cuando una de las partes dispone de bases tecnológicas o económicas comparativamente más precarias frente a su socio potencial, particularmente en algunos sectores calificados como “muy sensibles” o de “riesgo”.

En materia de apertura, los TLCs persiguen disminuir o eliminar los aranceles, pero sin asegurar que las preferencias comerciales garantizarán el mercado porque luego fomentan la competencia entre productores diametralmente distintos en capacidad productiva. 

Es deseable que la liberalización del comercio internacional contribuya al desarrollo integral de los países y de sus gentes y a la eliminación de la pobreza en nuestro planeta.

Los tratados comerciales son una pieza esencial de la tecnología política y económica de la globalización porque reducen barreras a la libre circulación de bienes y de capital regulando los intercambios.

De hecho, la proliferación de acuerdos comerciales a nivel bilateral o regional ha derivado en una superposición de mecanismos que articulan y a la vez distorsionan el comercio creando el llamado “efecto dominó”.

Un TLC significa que las preferencias comerciales mutuas entre dos o más países abarcan un amplio abanico de intercambio de bienes nacionales. Como cualquier tecnología, los tratados comerciales se diseñan para ser duraderos y, por lo tanto, para que sea difícil renegociarlos o desconocerlos.

El Nacional

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