El comercio se ha convertido en una de las expresiones más concretaS de la globalización económica contemporánea.
Ese auge del comercio internacional tiene mucho que ver con el impacto de las tecnologías informáticas (Internet, comunicación satelital, elaboración de programas aplicables a los sistemas gerenciales modernos, entre otras) unido a la difusión del discurso librecambista.
Ahora bien, se trata de un comercio internacional administrado por las empresas, aunque los Estados sean el receptáculo institucional de éstas.
Pero ante el estancamiento en las negociaciones comerciales multilaterales en el marco de la Ronda Doha (la primera que se celebra tras la fundación de la OMC y que fuera iniciada en el 2001) las economías desarrolladas impulsaron la concertación de acuerdos comerciales bilaterales con los países subdesarrollados.
Las economías débiles, en un momento determinado de las relaciones comerciales, eran favorecidas por preferencias comerciales unilaterales, las cuales postergaban la aplicación del régimen de reciprocidad reconocido por los principios de la OMC.
La regulación del comercio internacional debería estar cimentada en el multilateralismo, en lugar de un bilateralismo, que se expresa en la concertación de numerosos tratados de libre comercio, pues el primero confiere al comercio internacional su carácter de fenómeno global.
Téngase en cuenta que a los acuerdos de integración y de regionalización de la economía mundial expresados mediante la formación de bloques comerciales hay que adicionar la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC).
Tiene un carácter vinculante (obligatorio). Sus principales herramientas se han diseñado para propiciar la reducción o eliminación de cuotas de importación, subsidios otorgados a los productores, aranceles impuestos a los importadores, sobreprecios a los servicios que se ofrecen en las aduanas, así como las llamadas prácticas de dumping.
Se ha sostenido que la esencia y médula de un TLC es auspiciar la liberación del comercio entre los signatarios del acuerdo.
Se podría cuestionar semejante conclusión debido a que desde la última década del pasado siglo a los TLCs se les han ido adicionando temas no sólo comerciales, sino económicos, institucionales, de propiedad intelectual, laborales y medio ambientales dejando de lado la necesidad de un comercio justo y con políticas sociales.

