El alza en los precios de los alimentos hace presencia en el comercio internacional debido a la suma de factores climatológicos y especulativos que genera variaciones en la relación oferta-demanda, beneficiando de esa manera a países productores y exportadores de alimentos, pero afectando a muchas economías que dependen de las importaciones de productos agropecuarios.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) advierte una vez más que la situación actual en los mercados mundiales de alimentos, caracterizada por un fuerte aumento en los precios del maíz, el trigo y la soya, entre otras materias primas de gran consumo mundial, eleva el temor del advenimiento de una peligrosa crisis alimentaria en el globo terráqueo.
Con la globalización económica y la carencia de controles en los flujos financieros internacionales, la comercialización de los alimentos ha pasado a ser un juego de casino, donde la especulación presiona sobre el comportamiento de los precios, pues los movimientos especulativos de las entidades bancarias transnacionales han hecho de la comida de la humanidad un simple juego de casino.
Goldman Sachs, Morgan Stanley y Barclays encabezan la lista de las entidades financieras que han hecho del comercio de los alimentos un verdadero juego especulativo en los denominados mercados de futuros, los cuales consisten en la realización de compra o venta de mercancías en una fecha futura, pactando en el presente, el precio, la cantidad y la fecha de vencimiento. Y todo ese juego financiero se hace a través de las operaciones en la Bolsa, como si los alimentos fueran activos financieros y no bienes vitales para la supervivencia humana.
Para muchas entidades financieras que incursionan en las principales bolsas de valores mundiales, las operaciones con alimentos en los mercados de futuros han devenido en pingües negocios. Canalizan recursos de inversores internacionales que, preocupados por la incertidumbre de la recuperación de la economía mundial, están refugiándose en los mercados de futuros de los alimentos.
La especulación financiera en los mercados de futuros ha ocasionado un incremento desmesurado del precio de los alimentos en el mundo y a una alta volatilidad (variación) que afecta a millones de personas en el globo terráqueo.
Imagine un mercado de abastos en el que, además de los compradores habituales, hubiese clientes dedicados a vender y comprar productos sin salir del recinto, con el único objetivo de conseguir un precio mejor en el siguiente puesto y sacar beneficio. Con sus productos de inversión, las poderosas entidades financieras posibilitan la participación de miles de inversores en una apuesta inaceptable, tanto ética como legalmente, que tienen consecuencias devastadoras para la población de escasos recursos en muchos países del mundo.
Jean Ziegler, economista suizo y asesor de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es categórico en afirmar: Es un despropósito que el precio de los alimentos sea fijado por la Bolsa. Deben ser retirados de la especulación. Los alimentos han de ser declarados bien público y su precio fijado por negociaciones entre países productores y países consumidores. Es tiempo de acciones conjuntas.

