Crisis y nochebuena
¿Cómo ignorar en vísperas de Nochebuena que el mundo vive bajo las turbulentas aguas de una recesión que, teniendo como epicentro a Estados Unidos, se ha propagado ya por todos los puntos cardinales del globo terráqueo?
El 2009 se proyecta como un año cargado de nubarrones en el panorama productivo, comercial y financiero de la economía mundial. Y no exagera el renombrado economista estadounidense Joseph Stigliz, Premio Nobel de Economía 2001, cuando advierte que la actual crisis financiera mundial va a ser un ciclo largo, difícil y profundo.
China y Japón, entre otros países asiáticos, suman recursos con el propósito de posicionarse como impulsores del crecimiento económico mundial, aunque los retos son mayores debido a las turbulencias que azotan al sistema monetario-financiero internacional.
La crisis económica global que se gestó al interior de Estados Unidos dejará sin trabajo a unos 20 millones de personas en todo el globo terráqueo. La región latinoamericana y caribeña experimentará los embates de la fuerte ola recesiva, aunque esto no significa que los efectos serán iguales en todos los países.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reconoce que la pobreza extrema o indigencia habría aumentado levemente, al pasar de un 12,6 por ciento en el 2007 a un proyectado 12,9 por ciento en el 2008, equivalente a 71 millones de personas. El año 2009 podría agregar más pobres a esas estadísticas oficiales.
La economía dominicana no podrá sustraerse de recibir los efectos del decrecimiento de la economía mundial. Téngase en cuenta la fuerte dependencia económica respecto de Estados Unidos, lo que se ha acentuado más con la entrada en vigor del acuerdo comercial conocido como DR-CAFTA.
Las economías del área podrían experimentar afectaciones en las remesas, en el acceso a créditos internacionales y en la disminución del ritmo de crecimiento económico. Durante el 2009 la región no entrará en recesión, pero verá decrecer notoriamente su producción de bienes y servicios.
Ahora bien, estoy convencido de que para reducir el impacto de la crisis económica sobre el conjunto de la economía regional se requiere de la adopción de políticas macroeconómicas como el mantenimiento del equilibrio fiscal, la acumulación de reservas y el impulso al mercado interno.
El gran reto para la implementación de la política fiscal en el 2009 consistirá en administrar la inevitable caída de las recaudaciones e impulsar el gasto social en áreas tan sensibles para el desarrollo humano como la educación, salud, vivienda y alimentación.
Pero hay que cuidarse del lenguaje apocalíptico o de día del juicio final sustentado por economistas y políticos criollos que parecen regodearse con el uso de una especie de terrorismo verbal que pretende matar en los dominicanos la esperanza de que un país mejor sea posible. Que no cunda el pánico. El barco económico nacional navega hacia puerto seguro. El 2009 merece un canto cargado de optimismo, fe y solidaridad humana e institucional.

