Daniel Guerrero
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¿Un simple acento?
La ciencia económica desborda el marco de los números para poner el acento en el mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad.
En efecto, la economía se ocupa del estudio de las relaciones de producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios, analizando el comportamiento humano y social en torno de estas fases del proceso económico, necesarias para la supervivencia de la humanidad.
Por eso hay que hacer de la economía una ciencia que penetre al entendimiento de la mayor cantidad de personas. En la práctica, todos los seres humanos que concurren al mercado son economistas vivenciales.
Cuando se hace un énfasis exagerado en los aspectos cuantitativos (los números, los modelos matemáticos) y durante el proceso de enseñanza en las aulas de las universidades no se pone el acento en la sociedad, en los hombres y mujeres que asisten al mercado en busca de bienes y servicios, entonces esa ciencia se hace oscura.
John Maynard Keynes (1883-1946), economista inglés que ofreció propuestas de soluciones a la crisis financiera mundial desatada a partir del 1929 y fue bautizada como la Gran Depresión, siempre mostró su oposición al culto unilateral y absorbente de los modelos matemáticos.
Naturalmente, ¿se pretende negar la importancia del manejo y aplicación de las matemáticas, estadísticas y modelos teóricos para los pronósticos y la formulación de políticas económicas en las actividades productivas, comerciales y financieras? Bajo ningún concepto, pero…
Keynes era partidario de presentar “el mundo en un lenguaje comprensible para la mayoría de la gente. Esta es una de las razones por las que se opuso al uso excesivo de las matemáticas de la economía, que la apartaba de la comprensión ordinaria”.
Y es que la economía es el estudio científico de la vida económica de la sociedad. Eso quiere decir que entre economía, política, historia, cultura y psicología, entre otras expresiones de las ciencias sociales, existe una unidad indisoluble.
Oportuno es preguntar, a manera de ejemplo, ¿dónde estaban los famosos analistas cuando se produjo el derrumbe de las bolsas de valores y la quiebra de bancos como resultado de la crisis inmobiliaria que se desató en la economía estadounidense desde mediados del 2007? Esa crisis arrastró a la pobreza a millones de personas.
¿Por qué los economistas de las grandes corporaciones europeas, asiáticas y norteamericanas se enredaron en las patas de los caballos y no pudieron adelantarse a los tormentosos problemas monetario-financieros generados por la Gran Recesión (2008-2009) y que todavía gravitan sobre la marcha de la economía mundial?
La práctica ha evidenciado que muchos de esos enfoques estuvieron condicionados por la relación empresarial con los grupos empresariales de los que eran empleados o por la defensa de un paradigma o modelo económico que sólo se concibió para rendir culto a las sacrosantas fuerzas del mercado, postulando el achicamiento y automarginación del Estado.
Y es que, definitivamente, la economía debe concebirse como una ciencia que persigue el mejoramiento de la calidad de vida de los seres humanos, dejando atrás una obsesiva preferencia por los numeritos y los modelos econométricos sin tomar en consideración la realidad monda y lironda.

