La sombra del desastre
La naturaleza ha sido cruel con el pueblo de Haití, país caribeño que ha padecido lo indecible por causa de ciclones, inundaciones, desertificación y ahora temblores de tierra.
Difícilmente las catástrofes naturales puedan ser evitadas, pero ¿podría decirse lo mismo sobre la tragedia humana generada por la mala distribución de los ingresos y la vigencia de un orden económico-social excluyente y negador de la condición humana?
La CEPAL, a través de su Unidad de Evaluación Económica de Desastres Naturales, da cuenta de que durante el período 2004-2008 Haití experimentó una afectación de 9,39 por ciento en la generación de su Producto Interno Bruto (PIB).
Durante el lapso mencionado en Haití perdieron la vida no menos de 5 mil 748 personas, en tanto que 1 millón 308 mil experimentaron deterioro sensible en su calidad de vida.
La riqueza material destruida por la fuerza ciega de la naturaleza hasta el 11 de enero pasado había sumado, poco más o menos, 1 mil 387 millones de dólares, pero
A las 5 y 54 minutos de la tarde del nefasto martes 12 de enero del 2010 se inició una lúgubre jornada de nuevas estadísticas aportadas por los fenómenos naturales: un destructor temblor de tierra de 7,3 en la escala Richter que concentró toda su fuerza destructora en los 27 mil 750 kilómetros cuadrados que integran el territorio de Haití
La fuerza ciega de la naturaleza ocasionó la muerte de más de 100 mil seres humanos, centenares de miles resultaron heridos en su estructura corpórea y 9 millones quedaron afectados psicológicamente. Todo eso es capital humano.
Pero, ¿qué decir del capital físico? La débil infraestructura de la economía haitiana quedó devastada por el destructor movimiento telúrico. En un abrir y cerrar de ojos colapsaron las actividades productivas, comerciales y financieras.
Todavía en Haití se vive la fase de emergencia, durante la cual se presta atención a los damnificados, se toman medidas sanitarias para evitar epidemias y se acelera el rescate de los últimos sobrevivientes atrapados bajo los escombros.
Pero ya se aproxima la fase de la reconstrucción del país. Se trataría de poner en movimiento el debilitado motor de la economía haitiana.
¿Cuándo se iniciará la evaluación del impacto económico del terremoto sobre el PIB haitiano? ¿De dónde saldrán los recursos financieros necesarios para poner en marcha un plan permanente de reconstrucción de la infraestructura productivaPero hay más: ¿durante cuántas semanas o meses se paralizarán las principales actividades productivas, comerciales y financieras? ¿Cuándo se dispondrá de un Plan Nacional de Reconstrucción Nacional donde el gasto público se constituya en la chispa que encienda el motor de arranque de la economía haitiana?
Haití hace tiempo que clama por la cooperación de la comunidad internacional para apaciguar sus tormentos económicos, sociales e institucionales. Pero ha sido el terrible terremoto la causa actual de que el mundo fije sus ojos en él. Qué vergüenza.

