La sombra de Keynes
Hace 70 años que falleció el economista británico John Maynard Keynes (1883-1946), considerado como uno de los científicos sociales que más incidieron en el pensamiento económico del siglo 20, pero el fuego de sus ideas todavía enciende las ejecutorias de muchos hacedores de políticas públicas.
Tras observar y vivir los estragos económicos desatados por la Gran Depresión (1929) Keynes afirmó que existía una insuficiente demanda agregada, lo cual generaba desempleo, por lo que propuso que el Estado jugara un papel activo a través de las políticas fiscal y monetaria para reducir el impacto de la crisis económica.
Pero, ¿qué es la demanda agregada? No es más que la suma de los gastos en bienes y servicios que los consumidores, las empresas y el Estado están dispuestos a comprar a un determinado nivel de precios, lo cual depende mucho del tipo de políticas fiscal y monetaria que el Estado adopte. Es decir, se trata del gasto total que está dispuestos a realizar los agentes económicos, ya sean nacionales o extranjeros, dentro de la economía nacional.
En su “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” (1936) Keynes defendió una modificación del concepto neoclásico de “equilibrio general”, el cual se apoya en una supuesta convergencia de la oferta y la demanda de los productos para el ajuste automático de los precios.
El enfoque keynesiano sostiene que sólo habría equilibrio cuando la oferta y demanda global se igualaban en la “posición de pleno empleo”. Pero este pretendido pleno empleo no se alcanzaba de modo automático, dejándolo a las fuerzas del mercado, sino que el Estado debía jugar un papel activo en la búsqueda de esa meta.
El corazón del postulado keynesiano se encuentra en la adopción de una política económica estatal que estimule la demanda de bienes y de servicios, así como -en caso de necesidad de la economía-su reactivación a través de un incremento del gasto público.
Cuando el crecimiento económico de un país se encuentra estancado o en caída libre el economista británico recomendaba al gobierno, en cuanto administrador del Estado, apretar la palanca del gasto público para estimular la demanda y estimular el ritmo de las actividades productivas, comerciales y financieras.
Al decir de Ha-Joon Chang, economista de origen coreano, “lo que salvó a la economía mundial de la más absoluta catástrofe en el otoño de 2008 fue la economía de John Maynard Keynes” aumentando el gasto del gobierno e incrementando cantidad de dinero en manos del público.
En momento de estancamiento productivo, comercial y financiero Keynes recomendaba al gobierno la puesta en práctica de un programa de inversiones públicas lo suficientemente amplio como para dinamizar la economía. Estaba consciente de que el Estado se endeudaría, pero esa medida era necesaria para aumentar la cantidad de dinero en circulación y, consecuencialmente, estimular la marcha de la economía.
Porque la sombra del economista británico Keynes todavía hace presencia dentro del escenario económico mundial a pesar de su desaparición física en 1946.

