Opinión

Presencia económica

Presencia económica

Teoría y recesión

Se equivocan quienes sostienen que una  recesión  puede  ser producida  por  los

aportes teóricos de un economista.

  Es al revés: las crisis económicas abren paso a la formulación de enfoques teóricos que pretenden determinar las causas y los efectos del fenómeno en cuestión al tiempo que formula propuestas de soluciones.

 Está el caso del reconocido economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) quien en vísperas de la Gran Depresión (1929) que estremeció los cimientos de la economía mundial, con particular énfasis la norteamericana, llegó a negar la posibilidad de más quiebras en las bolsas de valores.

 Pero el derrumbe bursátil de Wall Street produjo un sacudimiento telúrico en el pensamiento de los economistas, sobre todo que para Keynes, quien sostuvo que la causa eficiente de la depresión fueron las excesivas reservas bancarias que frenaban la demanda de créditos a los empresarios para estimular la inversión.

 Fue entonces cuando Keynes abogó por el incremento del gasto público como forma de dinamizar la demanda, el consumo de bienes y servicios, tanto por el Estado como por la economía civil. Eso olía bien, pero…

 Lo cierto del caso es fue que en vísperas de la Segunda Guerra Mundial     (1939-1945) Europa vivía en medio de una inestabilidad política y económica heredada de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), lo que inducía a una mayor presencia del Estado en las determinaciones económicas.

 Detrás de la opinión de un economista siempre está subyacente –aunque pretenda cobijarse bajo una apariencia técnica- la identificación con determinados intereses económico-políticos que se expresan a través de planteamientos ideológicos.

 Lo que no puede ignorarse es que los consejos y propuestas de los economistas influyen en las determinaciones de políticas económicas.

 Un economista acucioso debería tomar en cuenta los efectos más remotos de cualquier acto o política y no sólo sus consecuencias inmediatas. Es preciso ponderar las repercusiones de la puesta en práctica de la  política en cuestión,  sino sobre todos los sectores sociales y económicos.

 Que hable Keynes: “Las ideas de los economistas y de los filósofos son más poderosas de lo que se suele creer, tanto cuando son correctas como cuando son erróneas”.

 Los economistas neoclásicos que rinden culto a las sacrosantas fuerzas del mercado, minimizan cualquier aproximación al pensamiento keynesiano que induzca a una participación más activa del Estado en las determinaciones económicas. Es obvio que están equivocados. El Estado tiene mucho que hacer todavía.

guerrerodanielus@yahoo.com

El Nacional

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