¿Guerra comercial?
Con la decisión de Donald Trump, en su calidad de presidente número 45 de Estados Unidos, de gravar con impuestos aduaneros las importaciones de acero (un 25 por ciento) y de aluminio (un 10 por ciento), Washington emite una señal de arrancada a lo que podría ser un nuevo ciclo de guerra comercial que impactaría sobre el desempeño de la economía global.
En efecto, diversos actores comerciales internacionales han expresado ya su preocupación sobre las recientes medidas proteccionistas adoptadas por EE.UU.
China, el gigante asiático, acaba de expresar que se opone categóricamente a las citadas trabas comerciales. Y aunque esas medidas no tendrían mayor impacto en el intercambio comercial entre China y Estados Unidos (pues la venta de acero chino representa un 2,7 por ciento del valor total de las importaciones estadounidenses) Pekín ha hecho un llamado a Washington para “acatar las normas del comercio multilateral y hacer contribuciones al comercio internacional y el orden económico”.
La Unión Europea a través de Cecilia Malmström, quien funge como comisaria de Comercio, ha advertido de que el bloque acudirá a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para frenar las amenazas norteamericanas, precisando que “se estudia aplicar aranceles a determinadas importaciones procedentes del país norteamericano”.
El secretario general de la OMC, Roberto Azevêdo, ha expresado: “Está claro que ahora vemos un riesgo mucho más elevado y real de que se desencadene una escalada de las barreras comerciales en todo el mundo. Una guerra comercial no beneficia a nadie», advirtiendo que las intenciones de EE.UU. pueden desencadenar en un «ojo por ojo» que podría conducir a la economía global a una profunda recesión.
La fijación de impuestos aduaneros a los bienes que un país adquiere en el exterior (a no ser que se trate de respuesta a una competencia comercial desleal) crean obstáculos al comercio internacional por su naturaleza proteccionista.
Donald Trump ha justificado la aprobación de las medidas proteccionistas argumentando lo siguiente: “Cuando un país está perdiendo muchos miles de millones de dólares comercialmente con prácticamente todos los países con los que hace negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”.
Hay quienes dicen que esas alzas arancelarias sobre las importaciones de acero y aluminio dispuestas por la Administración Bush persiguen presionar a las contrapartes comerciales de Estados Unidos para que les hagan algunas concesiones económicas que ya han sido planteadas.
Pero los que piensan de esa manera parecen desconocer el comportamiento histórico de China ante maniobras proteccionistas similares, toda vez que Pekín suele vincular esas maniobras comerciales con decisiones geopolíticas que tienden a afectar la influencia del país proteccionista en determinados foros multilaterales.
Porque, ¿acaso Washington piensa que las principales potencias económicas permanecerán con los brazos cruzados ante sus recientes maniobras proteccionistas? ¿Qué otra cosa el mundo puede esperar que no sea el estallido de una guerra comercial que ponga en jaque el normal desempeño de las actividades productivas, comerciales y financieras a escala planetaria? El paso del tiempo ofrecerá respuestas a estas interrogantes…

