Brecha armamentista
La economía militar está ganando terreno a escala planetaria, lo que podría traducirse en una afectación al desempeño de las actividades productivas, comerciales y financieras correspondientes al consumo de la economía civil. Fijemos la atención en los siguientes datos: los gastos de defensa llegaron a representar un 9,3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos en el año 1960, situándose en 1990 en el nivel de 5,2 por ciento; en tanto que la Unión Soviética vio incrementar sus gastos de defensa a niveles lesivos para el normal desempeño de la economía civil al registrar en 1960 el 11,1 por ciento del PIB dando un salto 30 años después a un 14,3 por ciento de la riqueza material creada.
Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos durante el período (1981-1989), apostó al desarrollo de una carrera armamentista frente a la Unión Soviética convencido de que los gastos de defensa podrían conducir a la otrora potencia socialista al colapso de la economía civil, lo que ocurrió cuando Washington apostó al desarrollo de la denominada Iniciativa de Defensa Estratégica, mejor conocida como “Guerra de las Galaxias”.
Datos oficiales revelaron que el proyecto armamentista “Guerra de las Galaxias” representó para las finanzas norteamericanas unos 25 mil millones de dólares desembolsados durante los años ochenta. Ha de tenerse en cuenta que en 1985 pasó a ocupar la presidencia de la Unión Soviética Mijail Gorbachov, llamado a ser el último mandatario de la otrora potencia socialista tras sobrevenir su colapso en medio de una carrera armamentista imposible de sostener frente a un Washington y su todopoderoso Complejo Industrial-Militar.
Treinta años después Estados Unidos parece decidido a retomar la ruta de la carrera armamentista como estrategia para socavar la base productiva, comercial y financiera de potencias rivales (Rusia y China, por ejemplo) convencido de que goza de respaldo tecnológico suficiente en la industria militar como para doblegar a sus competidores. A finales de 2016 el entonces recién electo presidente de EE.UU., Donald Trump escribió uno de sus recurrentes tuit: «Que haya una carrera armamentista, porque los superaremos en cada paso y los sobreviviremos a todos».
En respuesta al gobernante estadounidense se escuchó decir a Vladímir Putin, líder de Rusia, una expresión cargada de realismo: «Rusia jamás aceptará involucrarse en una carrera armamentística comprando aquello que no esté al alcance de su bolsillo».
Pero en marzo de 2019 ya se persigue una ambiente sostenido de carrera armamentista impulsada por la Administración Trump al retirarse en febrero pasado del tratado de misiles nucleares de medio alcance con Rusia, aunque desde mayo de 2018 ya se percibía esa disposición de Washington de retirarse de otros acuerdos nucleares como el suscrito con Irán en 2015.
Lo que sí está a la vista dentro del escenario geopolítico mundial es el retorno de una carrera armamentista que podría generar desajustes y turbulencias financieras dentro de la economía mundial.

