Opinión

Presencia económica

Presencia económica

Daniel Guerrero 

Desorden global
El deterioro estructural de la economía mundial tiene su antecedente más inmediato en aquel 15 de agosto de 1971 cuando Estados Unidos dispuso de manera unilateral la no convertibilidad del dólar en oro, produciendo una ruptura de los históricos acuerdos de Bretton Woods (1944) que establecieron tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) un nuevo orden económico global.

En la esfera del comercio internacional suele plantearse de manera recurrente una invocación sobre la base doctrinal del libre comercio que se fundamenta en los postulados de los economistas Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823), como si la misma fuera la solución a los problemas que se gestan durante las transacciones de bienes y servicios a escala planetaria.

Pensemos en las ideas de las ventajas comparativas donde cada país produce en base a sus propias características. Pero es el caso que esos criterios fueron concebidos en época donde el patrón oro (sistema monetario basado en el preciado metal amarillo) era el fundamento del intercambio comercial.

¿Cómo ignorar el contenido de la invocada la Ley de Say, según la cual cada país tenía que disponer de una oferta exportable para poder demandar bienes y servicios? Fue el economista francés Jean-Baptiste Say (1767-1832) el autor de ese criterio.

Se buscaba el predominio del equilibrio estructural de las transacciones comerciales entre los países basándose en la vigencia del patrón oro en cuya vigencia “no era posible vender a un país que no comprara. El comercio se equilibraba naturalmente por esta restricción”.

Cuando se estableció el dólar como la moneda por excelencia de la economía mundial pocos asumieron conciencia de que aquella enorme ventaja adquirida por Estados Unidos (comprar en el mundo con su propia moneda) podría convertirse en una causa fatal para la destrucción industrial y el desempleo masivo.

De lo expuesto se deduce que hay que cuidarse de personificar el deterioro del desempeño de la economía mundial.

Pero tampoco se puede otorgar primacía al enfoque psicólogo (y por consecuencia subjetivo, emocional) al sostener que el advenimiento del desorden económico mundial brota del miedo.

Se vive una época de procesos abiertos a las denominadas fuerzas mágicas del mercado con achicamiento del papel del Estado en la economía; de endeudamiento público desbordado y del retorno de prácticas comerciales proteccionistas.

A lo expuesto en el párrafo precedente se adicionan las señales inequívocas de perturbadores conflictos geopolíticos alentadas por potencias económicas que, como Estados Unidos, pierden terreno dentro de la pirámide de la hegemonía económica mundial y pretenden perpetuar su influencia dentro de la economía mundial recurriendo a las demostraciones de poderío político-militar.

Así, las potencias económicas decadentes pretenden ignorar el hecho cierto de que la pérdida de competitividad y rezago tecnológico tiene mucho que ver con los fundamentos de su caída dentro del mapamundi de la economía global y su inminente sustitución por otras fuerzas económicas emergentes.

El Nacional

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