Tras el petróleo
La economía del petróleo vive momentos tormentosos donde la volatilidad (variación) en sus precios está llevando preocupación a los inversores internacionales, los cuales se están refugiando en otras expresiones financieras como los bonos del Estado.
Pero por el control de las fuentes petroleras en diversas regiones del globo terráqueo el mundo se ha visto envuelto en lamentables conflictos bélicos que ha costado la vida a millones de seres humanos. Sí, tras la riqueza del crudo se han desatado guerras devastadoras que parecen las de nunca acabar.
Guerras como las del Pacífico (1941) donde el Japón fue bloqueado por Estados Unidos y los Aliado de su acceso al petróleo; conflicto bélico entre Iraq-Irán desatado en 1980 y que se proyectó durante 10 años; invasión de Kuwait en 1991 por parte de Iraq y la ejecutada en el 2003 por Estados Unidos, buscaron ejercer control sobre las fuentes energéticas.
Hemos de pensar en las crisis del petróleo que estallaron en la década de los setenta del pasado siglo que derivaron en enfrentamientos militares entre Israel y países árabes.
Y con el paso del tiempo las innovaciones tecnológicas han permitido que se descubran nuevas reservas y que se mejore la extracción de las presentes, lo que ha redundado en aumentos de la producción lo que se ha puesto en evidencia al observar la notoria producción de petróleo y gas (shale oil) por parte de EE. UU. a través del procedimiento de la fragmentación hidráulica conocido como fracking.
Cierto, está comprobado que el petróleo ha sido un factor de conflicto mundial.
Y al agotarse el primer trimestre del presente año 2020 otra vez afloran las contradicciones geopolíticas y por el control de los mercados del crudo, en medio de preocupaciones mundiales por la propagación de la enfermedad conocida como coronavirus, bautizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como Covid-19.
En efecto, Arabia Saudita, el productor de petróleo con menores costos en su extracción, acaba de reducir los precios de sus energéticos en medio de contradicciones con Rusia, país que parece decidido a producir mayores volúmenes del crudo, dejando atrás los acuerdos sostenidos con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la propia Arabia Saudita.
Moscú considera que han sido los productores petroleros norteamericanos los que más beneficios han logrado con los acuerdos de recortes de producción acordados hasta el presente. Sentía que la política de restricción del suministro daba más espacio para las compañías de Estados Unidos productoras de esquisto bituminoso (shale oil) que aplican la fragmentación hidráulica.
Con el estallido de los conflictos de precios entre Rusia y Arabia Saudita -y su proyección al conjunto de la economía mundial- los países exportadores del crudo se encuentran en medio de un declive en su captación de divisas debido a la depresión coyuntural en los precios, mientras que las economías importadoras de petróleo disponen de más recursos financieros para sus gastos presupuestales.
En el contexto latinoamericano y caribeño los países que dependen de las exportaciones del crudo observan con preocupación el comportamiento de los mercados internacionales, los cuales marcan hacia la baja en medio del impacto adverso del coronavirus en el desempeño de la economía mundial.

