Exigencias del FMI
Las críticas al Fondo no se limitan al proceso de selección de su director gerente o la composición de su personal, sino a un aspecto tan delicado como la condicionalidad establecida por la institución para el otorgamiento de préstamos a los países miembros.
Durante las décadas de 1960 y 1970, el fin del patrón oro relegó la función de supervisor de los regímenes de cambio basado en paridades fijas, pero ajustables, que fue una de las principales asignadas a la entidad.
No obstante, dos factores en ambas décadas redujeron la segunda y más importante función que todavía le quedaba al Fondo: la de prestamista de última instancia. Si sus miembros podían financiar desequilibrios en sus balanzas de pagos con fondos del sector privado, el papel del FMI estaría reducido a un segundo plano.
Con liquidez en los mercados de capital, la función de prestamista de última instancia del Fondo fue muy cuestionada y algunos hasta pronosticaron el fin de la organización.
La crisis de deuda internacional de la década de 1980 sacó al FMI de su relativo aislamiento y lo convirtió en una organización clave en el manejo de las crisis de balanza de pago de sus miembros.
La naturaleza de las crisis por deudas del mundo en desarrollo en esa década (especialmente en América Latina y el Caribe) y el peligro de los Estados declarándose en bancarrota posicionaron al Fondo como interlocutor entre gobiernos y actores de los mercados de capital privado.
El papel de interlocutor sirvió para impulsar políticas de estabilización macroeconómica que permitieran a los gobiernos endeudados generar la confianza necesaria para recibir préstamos del sector privado.
Una parte importante del sustento teórico de las medidas económicas recomendadas por el Fondo proviene de Jacques Polak (1914-2010) prominente economista de la organización.
Polak en la década de 1950 creó un modelo que sugería fuertes reajustes monetarios como una contracción del crédito doméstico con una subsecuente reducción en el gasto público para corregir desequilibrios en la balanza de pagos. Este modelo es esencial para comprender el razonamiento de los economistas del FMI.
Algunos expertos afirman que en el convenio constitutivo del FMI no existe base legal que justifique la condicionalidad. Para Randall Stone, “la condicionalidad no está estipulada en el convenio constitutivo del FMI y esta fue originalmente instituida por exigencia de Estados Unidos ignorando las objeciones de los demás miembros”.
Los acuerdos firmados por Gobiernos con el Fondo no tienen un carácter legalmente vinculante. En efecto, el directorio ejecutivo del FMI en su decisión número 6056-(79/38) afirmó: “Los Acuerdos Stand-By no son acuerdos internacionales por lo que el lenguaje con una connotación contractual será evitado”.
. De hecho, en el proceso de entrada en un acuerdo con el FMI, no ocurre un intercambio de firmas. En términos muy generales, el procedimiento es el siguiente: el Poder Ejecutivo envía una carta de intención (detallando las medidas que se compromete a adoptar para salir de la crisis que le llevó al FMI) al directorio ejecutivo, el cual comisiona a un grupo de expertos del Fondo para analizar la economía del miembro solicitante.
Por: Daniel Guerrero
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