Cunde la preocupación por los predios de la economía mundial ante la tendencia alcista que se registra en los precios internacionales del petróleo.
En efecto, los 34 países más desarrollados del globo terráqueo que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) muestran su desconcierto ante los conflictos político-sociales que se han estado registrando desde finales del pasado año en países árabes del Medio Oriente y del norte de África (el Magreb).
Si bien es cierto que Egipto, Jordania, Yemen y Bahrein, entre otros, son Estados donde se registran protestas populares contra añejas estructuras gubernamentales, nada concita tanta atención internacional como los hechos que se desarrollan en países del Magreb.
El Magreb es la zona más occidental del mundo árabe y está ubicada al norte de África e integrada por Túnez, Argelia, Libia, Marruecos y Mauritania, países que concentran una población de 81 millones de personas, equivalente al 10 por ciento de la población africana.
Tanto en Libia como en Argelia se concentran importantes reservas de petróleo y gas que son ambicionadas por poderosas empresas europeas y norteamericanas.
Téngase en cuenta que la influencia de EE.UU. dentro del mapa económico de la zona ha quedado reducida a su mínima expresión tras el ascenso al poder de gobiernos contradictores a la política exterior norteamericana, tales como los que representan los liderados por Muammar al-Gadafi (Libia) y Abdelaziz Bouteflika (Argelia).
Libia produce unos 1,8 millones de barriles diarios de un petróleo de alta calidad (liviano y dulce), con unos costos de producción atractivamente bajos. Ese crudo es demandado con mucho apetito por las principales refinerías del mundo.
Libia también es un gran productor de gas natural, cuestión que se refleja en el incremento de su capacidad exportadora. En efecto, mientras en el 2005 las ventas de gas alcanzaron los 5 mil 400 millones de metros cúbicos (m3), durante el 2010 las mismas se situaron por encima de los 10 mil millones.
Y es que Europa Occidental compra a la región del Magreb el 8 por ciento del petróleo y el 30 del gas natural que mueve su economía.
Pero la dependencia energética es más evidente si se fija la atención en países situados en el sur europeo. Así, en Portugal el consumo depende en un 100 por ciento del gas argelino; España lo hace en un 75 por ciento; Italia en un 54 por ciento y Francia en 35 por ciento.
Con sobrada razón Franco Frattini, ministro de relaciones exteriores de Italia, abogó por una salida política negociada y sin injerencia militar externa al conflicto que se libra en Libia. Una escalada bélica en la zona sería de incalculables consecuencias políticas, económicas y sociales en toda la zona del Mar Mediterráneo.
Si la crisis política que vive Libia se propaga a Argelia la economía mundial caería bajo las turbulentas aguas del caos energético, pues sin duda los precios internacionales del aceite mineral se colocarían -en un abrir y cerrar de ojos- por encima de los 200 dólares el barril, abriéndose así las compuertas de la inflación galopante a escala planetaria, con sus demoledoras consecuencias político-sociales.

