La credibilidad de las agencias calificadoras de riesgo se encuentra erosionada por un pecado original: la interconexión de esas empresas con grupos financieros que figuran en sus catálogos de clientes, pero también en su capital accionario, aunque esto último suele disfrazarse mediante tecnicismos legales.
La misión de las calificadoras de riesgo consiste básicamente en evaluar la deuda que emiten países, compañías o instituciones financieras, y darles una calificación según la certeza de que cumplan esos compromisos.
La cuestión del riesgo país» se ha convertido en un instrumento esencial de la globalización financiera y el control de los flujos de capital. Su medición ejerce influencia en el comportamiento de los flujos de inversiones, y tiene un enorme poder sobre los gobiernos y los actores empresariales.
Pero, ¿qué tan creíbles resultan ser las opiniones de las agencias calificadoras de riesgo? ¿Es correcto considerar los diagnósticos de esas empresas privadas como Palabras de Dios, te alabamos Señor? Las agencias calificadoras forman parte de la red especulativa existente en los mercados financieros y aborrecen todo mecanismo que implique regulación y control a sus actividades.
Cuando las calificadoras rebajan la calificación de la deuda de un país significa que será más caro pedir prestado en los mercados. Las capacidades de sanción de las calificadoras son «más grandes que las de Dios. Europa se expone a abrir la caja de los truenos si prohíbe a las agencias de calificación evaluar la salud financiera de los gobiernos. Téngase en cuenta que las principales agencias calificadoras de riesgo son norteamericanas: Standard & Poor´s, Fitch Ratings y Moody´s.
Las agencias están en el nivel más alto y más problemático de la arquitectura financiera mundial. Este negocio esta dominado por el duopolio Moody’s Investors Service (Moody’s) y Standard & Poor’s Ratings Group (S&P). De la fusión entre agencias europeas y estadounidenses se creó Fitch Ratings, la cual, aunque es la tercera más grande del mundo, está muy rezagada comparada con las primeras dos.
Los europeos han propuesto la regulación de las agencias calificadoras. Esas empresas gozan de influencia en el mundo de las finanzas internacionales, pues suelen estar encargadas de la evaluación de la solvencia de organizaciones, instituciones y gobiernos.
Y ahora ocurre que el Departamento de Justicia de Estados Unidos acaba de anunciar que se ha incoado una demanda civil contra la agencia de calificación de riesgo Standard & Poor’s por otorgar altas valoraciones a productos financieros que involucraban un alto riesgo, en un fraude calculado en más de 5.000 millones de dólares.
Eric Holder, Fiscal General de Estado Unidos, acusa a S&P de inflar deliberadamente calificaciones de crédito para las CDO (obligaciones de deuda colateralizada), confundiendo así a los inversores, incluyendo a muchas instituciones financieras aseguradas por el Gobierno, provocando que perdieran miles de millones de dólares, y documentos internos de la empresa demuestran que la agencia manipuló y cambió sus modelos de calificación para ajustarse a las necesidades de negocio de la compañía.»
Y, mientras, las agencias calificadoras intentan mantener y fortalecer su reputación, que quedó dañada durante la Gran Recesión (2008-2009) y la crisis de endeudamiento público de que todavía agobia a la Unión Europea.

