Punto de espera
Cuando se viven perturbaciones económicas mundiales resulta de mucho interés el seguimiento a la producción de bienes y servicios.
Y es que para poder comprender el por qué de la caída del crecimiento económico en determinado país no sería ocioso analizar el comportamiento de la producción, las finanzas y el comercio en el mundo.
Durante el período 2007-2008 el valor global del Producto Interno Bruto (PIB) generado por 181 economías diseminadas en todo el globo terráqueo superó los 65 billones de dólares por año.
(Ahora que está de moda el uso de las expresiones numéricas anglosajonas, al estilo norteamericano, quiere precisar que empleo la palabra billón en su equivalencia española, es decir, un millón de millones. No hablo del billón estadounidense, que es igual a mil millones de dólares. El trillón en EE.UU. es el billón español).
La economía norteamericana marca el paso en la marcha mundial por la creación de riqueza expresada en los bienes y servicios que demandan los consumidores criollos y extranjeros a través de las transacciones comerciales.
Según cálculos del Fondo Monetario Internacional (FMI) el PIB de Estados Unidos ascendió a 14,2 billones de dólares, seguido por la pujante China, con 7,8 billones, en tanto que Eurozona (con 27 países) aportó más de 11,0 billones, según cálculos y proyecciones de organismos internacionales.
Sin embargo, la crisis económica que ha estado sacudiendo los cimientos del actual orden monetario-financiero internacional, al tiempo que ha incidido en una estrepitosa caída del consumo mundial de bienes y servicios, también ha devorado valores por encima de los 50 billones de dólares.
Naturalmente, esos valores borrados del mapa por la profunda e intensa crisis económica global se expresan en títulos, acciones o papeles financieros, aunque ya el impacto de ese desastre ha estado impactando en la economía real, en la esfera de la producción. Crece el desempleo, se frena el consumo, se añora el ahorro
Por eso no comparto los análisis de quienes siguen bañándose exclusivamente en las aguas de los derivados financieros y el comportamiento de la bolsa de valores para monitorear el curso del fenómeno, dejando de lado el análisis de los indicadores de pérdida del crecimiento económico, competitividad y aumento en la tasa de desempleo.
Cierto: hay que abrir un punto de espera para el relanzamiento de la economía mundial, pero sería una ingenuidad vaticinar la salida de la actual fase de crisis a breve término. El 2009 será un año económicamente duro, pero no apocalíptico.
Pienso que ahora falta el fuerte coletazo a la esfera de la producción. Posterior a ese hecho comenzará a brillar la luz al final del túnel. Porque la actual crisis económica ha resultado ser tan compleja como confusa en sus proyecciones. Estoy convencido de que mis ideas no traducen un estado de ánimo fatalista, sino realista.
En estos tiempos de crisis económica hay que actuar con mucha prudencia, paciencia y conciencia

