Dentro del actual escenario monetario-financiero mundial parece aflorar una guerra de divisas (o devaluación competitiva), mediante la cual las economías envueltas en esos conflictos persiguen obtener un tipo de cambio relativamente bajo para sus respectivas monedas.
Conviene aproximarnos al concepto de divisa. El mismo hace referencia a la unidad monetaria utilizada en una región o país ajeno a su lugar de origen. Es un medio de pago nominado en moneda extranjera y mantenido por los residentes de un país. Así, las divisas no sólo adoptan la forma de billete de bancos, sino en otras expresiones financieras, tales como depósitos bancarios en monedas extranjeras (dólar, euro, yen o libra esterlina) y documentos como cheques y tarjetas de crédito.
El término guerra de divisas está de moda dentro de la literatura económica internacional y se aplica a los efectos que se producen por devaluaciones de monedas realizadas por diversos países que mantienen vínculos productivos, comerciales y financieros entre sí con el deliberado propósito de ganar ventaja competitiva el uno respecto del otro.
¿Cuándo aflora una guerra de divisas? ¿Qué impacto tiene ella sobre el comercio y las finanzas internacionales? ¿Cómo se refleja ésta en el desempeño económico de los países subdesarrollados? ¿Podría la economía dominicana ser afectada por el citado fenómeno monetario-financiero?
Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) está convencida de que «el actual debate sobre la ‘Guerra de Divisas’ no tiene fundamento». El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha calificado como una «cháchara» lo que se ha estado diciendo sobre la llamada guerra de divisas.
El mexicano José Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), expresa: Al día de hoy, la amenaza de una Guerra de Divisas es menor que hace dos o tres años. Yo no creo que debamos seguir librando guerras que ya han terminado.
Las citadas opiniones provienen de instituciones y personas altamente acreditadas, pero lo cierto del caso es que tanto la Unión Europea (UE), como Japón y Estados Unidos están moviendo sus respectivas monedas para ganar terreno en la competencia comercial con el propósito de incrementar sus exportaciones.
En el contexto de América Latina y el Caribe el tema de la guerra de divisas entre las economías desarrolladas no resulta ajeno, pues desde los años turbulentos de la Gran Recesión (2008-2009) economistas y funcionarios de la región advertían sobre el impacto de la misma sobre el desempeño comercial y financiero de la región. En efecto, se recordarán las declaraciones de Guido Mantenga, ministro de Hacienda de Brasil.
La República Dominicana mantiene una economía pequeña y abierta, lo que significa que experimenta los influjos del desempeño comercial y financiero de la economía mundial. En principio, al país teóricamente le convendría que divisas como el euro, el yen japonés y el yuan chino se coticen a la baja. Y en cuanto al dólar podría pensarse que sería favorable un billete verde caro en función del alto grado de dependencia de la economía dominicana respecto de la norteamericana.
A la economía mundial no le conviene que se desate una guerra de divisas expresada en recurrentes devaluaciones de los países desarrollados en un contexto de incertidumbre monetario-financiero del comportamiento de la economía mundial, signado por altos niveles de desempleo, freno de la demanda interna y señales preocupantes de inflación.

