Opinión

Presencia económica

Presencia económica

Marcado y estado
¿Sabe usted cuántos economistas harían falta para cambiar un bombillo fundido?

 Si se tratase de economistas neoliberales no harían falta ninguno, porque si fuera necesario cambiar el bombillo dañado, la mano invisible del mercado ya lo habría hecho.

 El citado chiste sobre economistas me produce mucha risa debido a que  contiene una moraleja que la realidad se ha encargado de confirmar.

Y es que al decir de la doctrina filosófica que guió los postulados del liberalismo económico sustentado por el inglés Adam Smith (1723-1790) la llamada  «mano invisible» del mercado hace que todos los individuos cooperen mutuamente para realizar el bienestar común sin coerciones de ninguna especie

Ellos apuestan al achicamiento y automarginación del Estado en todo lo que implique regulación efectiva sobre los actores económicos privados, pues sostienen que las acciones del gobierno no hacen más que controlar y afectar a la individualidad.

Para el mercado el fin último –y primero, diría yo- no consiste en satisfacer las necesidades fundamentales de todas las personas, sino en impulsar la producción de bienes y servicios con el exclusivo interés de que ésta se venda para la obtención de ganancias.

Semejantes argumentos han sido puestos en cuestionamiento ante la realidad de los hechos que se han desatado en la economía mundial tras el estallido de una profunda e intensa crisis financiera que se inició por la economía estadounidense.

Los que ayer criticaban toda participación del Estado en la regulación económica hoy resultan ser los primeros en correr presurosos para tocar la puerta del gobierno para que acudiera en auxilio de las instituciones financieras y de producción que resistían el embate de las turbulencias.

El gobierno de Estados Unidos ha pasado a controlar el desempeño accionario de las principales entidades financieras. Otro tanto ha ocurrido en Europa Unida y Japón. Ya no se deja todo al designio del mercado (oferta y demanda), sino que se ha evidenciado la necesidad de la regulación y el papel activo del Estado.

Pero mientras los gobiernos acuden presurosos al auxilio de los bancos y empresas que amenazan con colapsar,  se sabe que más de 1 mil millones de seres humanos se encuentren privados de los alimentos necesarios para subsistir.

Los gobiernos de los países desarrollados han tenido que recurrir a las arcas nacionales que contienen dinero de los contribuyentes para desatar una amplia política de salvataje financiero en beneficio de bancos y empresas diversas que estaban al borde de la quiebra.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), una institución libre de toda sospecha desestabilizadora del actual orden económico internacional, reconoce como correcta la intervención del Estado en tiempo de crisis económica. Pero hay que ir más lejos: lo correcto sería concebir políticas públicas  donde se conjuguen  Estado con mercado.

El Nacional

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