En República Dominicana se vive una coyuntura político-electoral que está gravitando sobre el desempeño de la economía interna, aunque su impacto podría considerarse como provechoso por cuanto está cimentado en la confianza de los actores económicos en las proyecciones del mantenimiento de la estabilidad macroeconómica.
Durante una coyuntura electoral las actividades económicas suelen experimentar ciertas variaciones en función de las características productivas, comerciales y financieras del país en cuestión y de la incertidumbre que pudiera registrarse en el ánimo de los electores ante las expectativas de la escogencia de un nuevo presidente o jefe de gobierno que responda a los intereses partidarios contrarios a la organización política que gobierna el Estado al momento de celebrarse la consulta electoral.
Los políticos en todas partes del mundo- comprenden que los factores económicos son determinantes para inclinar el voto de los electores hacia las diversas opciones partidarias. Un entorno internacional signado por una crisis financiera y una incertidumbre en el comportamiento de la economía global preocuparía a los actores económicos internos, siempre y cuando el gobierno nacional no adopta las políticas públicas necesarias para preservar la estabilidad macroeconómica.
Todavía está presente en la conciencia de los electores dominicanos la calamitosa situación monetario-financiera que agobió a la economía interna durante el período 2000-2004, caracterizada por la devaluación de la moneda nacional, inflación astronómica, quiebra de bancos, ruptura de la cadena de créditos, fuga de capitales, reducción en los flujos de inversión y pérdida de confianza en las acciones del gobierno de turno para enfrentar el caos macroeconómico imperante.
En el caso dominicano, es cierto que en una coyuntura electoral la economía interna puede verse dinamizada en función de los gastos de campaña en que incurren los diferentes partidos y candidatos que asisten a la batalla electoral, los cuales comprenden los recursos financieros que otorga la Junta Central Electoral (JCE) a los partidos políticos, unido a los gastos del Gobierno en el desempeño de sus funciones cotidianas, aunque hay que cuidarse de exagerar la magnitud de ese impacto.
Pero los procesos de campaña, tradicionalmente cuantiosos no son lo suficientemente voluminosos como para modificar variables económicas de un país. Además, la incertidumbre que generan las campañas puede atenuar la inversión o postergarla hasta después de sucedido el proceso electoral.
Es cierto que un año electoral suele tener influencia sobre la economía, pues la estabilidad del gobierno y la tendencia del mismo determinan muchos otros aspectos como el ánimo inversionista, el gasto estatal e incluso la tasa de cambio. Durante una coyuntura electoral muchos ciudadanos, empresarios e inversores toman conciencia de la indisoluble vinculación existente entre la economía y política.
Confianza y credibilidad en los candidatos y partidos políticos que ofrecen sus programas de gobierno al conocimiento de los ciudadanos son componentes psicológicos que inciden en la intención del voto. En República Dominicana hay confianza en que el electorado nacional no apoyará una opción que represente un retroceso al ambiente de estabilidad macroeconómica y que haga repetir dolorosas experiencias del pasado reciente.
