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Presidentas y  primeras damas

Presidentas y  primeras damas

Las mujeres de mi generación (de la década de los 50’s) teníamos claro las luchas y conquistas necesarias para la búsqueda del espacio igualitario dentro de la sociedad, en el marco político, económico y social.

Avanzamos lo suficiente como para garantizar el derecho al voto, el acceso al empleo, a aumentar el porcentaje de participación de las mujeres en los congresos, y al reconocimiento o aceptación de que en la sociedad existe un problema específico de género, entre otros.  Ya se tiene una extensa bibliografía que da cuenta de los avances de la mujer a todos los niveles en cada región del mundo.

Thacher y Merkel

Las primeras, en su mayoría, que han ejercido -o ejercen- el máximo poder del Estado, han gobernado con la cultura machista con la que fueron educadas, y de igual manera, han conformado sus gabinetes y cuerpos de asesores con la misma mentalidad.

Tanto Margaret Thacher la “Dama de Hierro” en Inglaterra, como la poderosa Ángela Merkel en Alemania, son ejemplos claros. No diferentes, aunque un poco más gentiles y fashionistas son las presidentas de Chile y la Argentina, respectivamente.

Y no menos fueron las ex presidentas de Panamá y Nicaragua en sus momentos. Incluso algunas llegaron al poder con grandes expectativas y fueron admiradas por sus discursos radicales y gestos masculinos “previamente preparados” para lograr el respeto de sus ciudadanos.

Lastimosamente, se ha concebido -erróneamente- que para lograr la aceptación y el respeto de los ciudadanos hay que “actuar” como hombres, y “despojarse” de la femineidad; y más aun, lejos del enfoque que tenemos las mujeres respecto a las necesidades de las familias y sus congéneres.

Todavía la mayoría de las personas, creen que para gobernar se requiere una personalidad “con carácter”, y si no lo tienes, no eres capaz de gobernar. Visto así, las mujeres parecemos “débiles de carácter” y por lo tanto, no tenemos la capacidad de gobernar, a menos que parezcamos “hombres de carácter”.

¿Qué pasaría si una presidenta sin prejuicios asegure el bienestar de los ciudadanos con un real y completo enfoque de género?

Una mujer así, emplearía los recursos del Estado de manera diferente, priorizando su atención en el desarrollo sostenible de la nación, invirtiendo en el capital humano antes que derrochar los fondos en armamentos; invertiría mayores recursos en hospitales de calidad, medicinas y equipos de máxima tecnología al servicio público, antes que firmar contratos leoninos en los que se entregan los recursos no renovables.

Construiría escuelas, capacitaría maestros y maestras con salarios dignos, hasta eliminar ciento por ciento el analfabetismo donde lo hubiere, creando generaciones de excelencia académica, por ejemplo.

Las Primeras Damas

Démosle una mirada rápida al otro modelo de mujer en el poder; el de las “Primeras Damas.” Ellas también continúan ofreciendo sus buenos oficios en actividades de asistencia social, y con esto, simplemente complementan las tareas y deficiencias que les corresponde a los Ministerios de Salud, Educación y Cultura principalmente.

En sus planes de recaudación de fondos con el objetivo benéfico, es posible que ni siquiera estas han tomado en consideración que el precio para asistir a unas de esas cenas de beneficencia constituyen un impuesto indirecto para algunos, un gasto incosteable para otros y además una extracción a los propios fondos del gobierno, cuando el dinero para pagar dichas “invitaciones” son costeadas con los fondos propios de las principales oficinas gubernamentales. No es cierto que el ministro tal o cual lo paga de su propio bolsillo.

Los objetivos de las Primeras Damas no son malos en sí mismos, pero es obvio que, siguiendo el patrón o modelo tradicional, no van a ninguna parte. Sería más interesante verlas comprometidas con los verdaderos problemas de nuestros países.

 Hillary y Halonen

Las primeras damas no tienen mayor incidencia en resolver los problemas coyunturales de sus países. Pero claro, hay excepciones que confirman la regla.

La señora Hillary Clinton es una de ellas, quien indudablemente lleva su propia agenda, pero que tampoco ha dado un salto sustancial en asuntos de género, así que prefiero a la hora de mencionar una mujer que ha demostrado mayor eficacia es la presidenta Tarja Halonen.

El Nacional

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