Hipólito Mejía es un expresidente que encabezó un gobierno corrupto y criminal, y Danilo Medina pertenece al grupo que se apoderó del Partido de la Liberación Dominicana convirtiéndolo en plataforma para buscar los recursos del balaguerismo rancio, un sector cuyo poder se sustenta en dinero y propiedades obtenidas mediante el despojo directo o por groseras maniobras de acumulación originaria.
La marca del resto de los presidenciables del sistema, no es distinta. En el despedazado Partido Reformista Social Cristiano, no hay presidenciables. Las negociaciones que sus dirigentes han hecho con Leonel Fernández, con Miguel Vargas y con Hipólito Mejía, son transacciones con pago en efectivo (en el escritorio o en cargos con alta asignación y escaso control). Ante el destrozo de la maquinaria electorera, ellos (y ellas, dado no se puede excluir a Lila Alburquerque y a otras mujeres) sacrifican la estabilidad de su inserción en el sistema y privilegian el cobro inmediato y abundante.
En el PLD, el presidente de la República y el gris candidato a la Presidencia, conviven con viejos dirigentes cuyo talento que apenas alcanza para evitar que Leonel Fernández derogue los decretos que los mantienen en rentables. Conviven también con figuras que han aceptado la subordinación para mantenerse en la nómina del Estado. Radhamés Segura y Alejandrina Germán, por ejemplo.
Una figura a mencionar es Jaime David Fernández Mirabal, quien negoció con Balaguer un asiento en el Senado y fue vicepresidente de la República. Como exministro de Medio Ambiente, carga con una parte del descrédito del gobierno por su responsabilidad en el contrato con la Barrick Gold, entre otras razones. El senador Félix Bautista, es un hombre de confianza de Leonel Fernández cuyo nombre es vinculado por lo bajo a feos escándalos y ligado en voz alta al clientelismo y a las comisiones. Hay que decir que no pasa de ser un buscador de oportunidades y de dinero, condenado a ocupar el asiento trasero.
En el Partido Revolucionario Dominicano, están Luis Abinader y Miguel Vargas, proclives a asumir posiciones de ultraderecha. Sin brillo el primero y con escaso carisma y pobre vocabulario el segundo, comerciantes de oficio y polítiqueros porque entienden necesario preservar las estructuras sociales que los liberan del compromiso de explicar el origen de sus respectivas fortunas.
Guido Gómez y Margarita Cedeño, no se cuentan entre los presidenciables. El primero, porque no desafiará al poder imperialista, una parte de cuyos representantes lo consideran impresentable. La segunda, porque solo está en el escenario político por ser socia y luego esposa de Leonel Fernández…
Es un coctel de frutas podridas… Como el sistema que las produce. ¡Qué asco!
