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Las luchas internas del PLD y, de manera particular la disputa por la candidatura presidencial del 2020, es un asunto de naturaleza estrictamente política. No debemos confundirnos con los argumentos jurídicos expuestos por defensores de una u otra corriente, porque la mayoría de las veces son posiciones interesadas, adecuadas a la conveniencia de sus beneficiados.
Abundan los ejemplos de personas, partidarias y no, que en determinadas coyunturas han defendido ciertos planteamientos y en otras, cuando sus intereses han girado en direcciones opuestas, asumen actitudes contrarias a las anteriores. Nadie puede creer que sea casual que los fundamentos legales esgrimidos por los protagonistas coincidan con sus mayores posibilidades en la actual realidad política, tanto interna en sus partidos como hacia el exterior. A Danilo Medina e Hipólito Mejía les favorecen las primarias abiertas.
A Leonel Fernández y Luis Abinader las cerradas. No estoy convencido de que de ser otros sus intereses, sus posiciones fueran idénticas.
La tragedia es que esto arrastra al país que, de esa forma, ha visto transcurrir un largo período sin dotarse de instrumentos legislativos imprescindibles para su consolidación democrática. Eso ocurre como consecuencia del secuestro de las instituciones que ha materializado el PLD, lo cual impide el desarrollo natural de las funciones de los demás poderes del Estado. ¿Qué otra cosa puede explicar que el Congreso de la república se aniquile y no pueda impulsar proyectos de interés nacional porque todo lo supedita a la decisión infalible del partido que lo controla? Eso no es democracia verdadera.
El tema de las primarias partidarias está indisolublemente vinculado a dos elementos: A las posibilidades de repostularse del presidente de la república y a las aspiraciones de otros de dirigir el Estado a partir del 2020. Esos son los auténticos aspectos en disputa, todo lo demás, incluido lo jurídico, es secundario.
De no existir el impedimento constitucional para que el presidente se repostule, le daría lo mismo que las primarias fueran abiertas o cerradas porque en ambos casos su postulación estaría garantizada.
Lo que explica su obstinación con la modalidad abierta es para el caso en que pueda necesitarla de no lograr su propósito de repostularse. En ese escenario, con primarias cerradas es poco probable que uno de sus delfines le gane la nominación a Leonel Fernández, contrario a lo que puede ocurrir de ser abiertas, donde el avasallamiento tradicional del gobierno se volcaría al servicio de su pupilo. Continuará.

