El presidente Leonel Fernández arriba hoy al primer año de su tercer gobierno, con preocupante señales de agotamiento, aguijoneado por la peor crisis económica mundial desde la época de la Gran Depresión.
Los logros más resaltantes en este primer tramo de gobierno son similares a los que caracterizaron las otras dos administraciones del presidente Fernández: relativa estabilidad monetaria, expansión de la economía, consolidación institucional y tenuez traza de modernismo.
En los primeros 365 días del cuatrenio presidencial afloraron o se agravaron males que angustian a la ciudadanía como inseguridad ciudadana, narcotráfico y la generalizada percepción de que la corrupción está en expansión.
A favor del Presidente y su gobierno puede decirse que las autoridades han evitados con oportunas medidas monetarias que el huracán de la crisis global golpee de frente a la endeble economía local, que sin embargo, no ha sufrido daños severos por pérdidas de empleo y crecimiento de los índices de pobreza.
Educación y electricidad son todavía el talón de Aquiles al inicio del tercer gobierno del presidente Fernández, matizado por una baja inversión al sector educativo y por el virtual desplome de la industria eléctrica.
Un punto a favor del mandatario lo constituye la fortaleza que exhibe el sector financiero que fue inmune a la infección que propagó Wall Street.
Acosado por crecientes demandas sociales y con retos tan grandes por delante como el prometido rescate de la educación y del sector eléctrico, el Presidente está compelido desde hoy a relanzar o energizar un gobierno que luce agotado cuando falta un largo trayecto por recorrer.
Más que un cambio en el Gabinete, el Gobierno requiere. como el mismo mandatario lo ha admitido, de un cambio de modelo, que garantice la vuelta al crecimiento económico, pero esta vez acompañado de una mejor redistribución del ingreso público.
La ciudadanía aspira y espera merecer un gobierno proactivo, tolerante, austero, prudente, diligente, dialogante y cumplidor de la ley.

