Las Naciones Unidas ha declarado desde hoy el 18 de julio como el Día de Nelson Mandela, en reconocimiento a un mártir de las libertades, el respeto y la honradez. La consagración ha coincidido con la celebración del 92 aniversario del nacimiento de un político que utilizó la Presidencia, no para cobrar los crímenes del Apartheid, sino para desterrar el odio entre negros y blancos, encausando a Sudáfrica por los senderos de la paz y la prosperidad. De los 27 años que permaneció en prisión por su lucha contra la segregación racial, 18 los pasó en una solitaria en que apenas podía moverse y en la que tenía que realizar sus necesidades. Esas vejaciones lo convencieron de que había que extirpar el odio y las rivalidades para que los sudafricanos pudieran iniciar una nueva vida. Al ganar la Presidencia sus acciones le merecieron el Premio Nobel de la Paz y se convirtió en un símbolo hasta para los blancos que lo aclamaron para que optara por otro período. Pero Mandela desistió de tal propósito, al entender que había hecho lo justo.

