Sus comprometedoras denuncias sobre la incidencia de la corrupción y el narcotráfico en La Romana se habían convertido en una sentencia de muerte contra el periodista José Silvestre. En diferentes ocasiones había denunciado amenazas e incluso su casa fue tiroteada, pero, que se sepa, nunca recibió protección de las autoridades de la provincia. A Silvestre se le consideraba un periodista polémico, que hacía denuncias tan temerarias como que el sindicato capo Ramón Antonio Puente (Toño Leña) había prestado 4.7 millones de pesos a un funcionario solicitado en extradición. Sin embargo, su asesinato, tras ser secuestrado, remueve las litis y conflictos que había protagonizado con el fiscal de La Romana, José Polanco, y con otros sectores. Por presiones políticas en una ocasión el programa que producía, La Voz de la Verdad, había sido sacado del aire. Por más irresponsables que pudieran ser sus denuncias su muerte no es sólo injustificable, sino que tiene que aclararse sin el menor asomo de sospecha. Un desafío.

