Monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio la pone dura al considerar la corrupción como la causa de todos los males que agobian a la población. Para el arzobispo metropolitano de Santiago ese flagelo es la raíz de la violencia y la delincuencia que tienen en ascuas a la ciudadanía. Para algunos especialistas se trata de un mal que ha hecho metástasis en vista de los alarmantes niveles de descomposición que priman en la sociedad. Es grave que el interés de sacar ventajas particulares norme hasta las funciones financiadas por el contribuyente. Se habla mucho de la corrupción, se crean leyes y se anuncian medidas, pero es obvio que no se toman las acciones requeridas. La reflexión de De la Rosa y Carpio no debería caer en el vacío, sino ponderarse para enfrentar un mal que, aunque cueste admitirlo, se ha convertido en una suerte de pan nuestro de cada día. No se trata de una reflexión en el aire, pues estima que males como la violencia emanan desde el poder debido a que los primeros que se corrompen son los que dirigen el país.

