El ingeniero Manuel de Ovín Filpo, quien falleció ayer a los 84 años de edad a causa de una larga enfermedad, fue uno de los muchos extranjeros que se jugó la vida a favor de las libertades en República Dominicana. En la conspiración que culminó el 30 de mayo de 1961 con la muerte del tirano Rafael Leonidas Trujillo Molina a De Ovín Filpo le correspondió la delicada misión de conseguir las armas. Convencido de que la muerte de Trujillo abriría las compuertas de las libertades corrió todos los riesgos que suponía la conspiración. De origen español y nacionalizado dominicano, De Ovín Filpo nunca salió a reclamar reconocimientos ni a pasar factura por su patriótico aporte. Y todo porque era un hombre de convicciones, que tenía en el trabajo productivo su fuente de subsistencia. Sus aportes no se limitaron sólo a la lucha política, pues por su capacidad y experiencia también dejó su impronta en el sector agrícola. Figuras como De Ovín Filpo tienen que ser recordadas. Paz a sus restos y consuelo para sus deudos y relacionados.

