Algenis Ríos Paulino, el agente de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) de 18 años de edad mortalmente herido anoche por desconocidos, había ingresado a ese cuerpo para costear sus estudios universitarios. Un joven con aspiraciones de progresar y desarrollarse, que también se distinguía en el sector donde residía por sus buenos modales y la cooperación con los vecinos. A una persona con esas cualidades fue que la delincuencia le quitó la vida cuando retornaba anoche en su motocicleta a su residencia de Los Frailes. Frente a una criminalidad, por demás tan despiadada y desafiante, ¿qué se puede hacer? Es obvio que responderle con los mismos métodos de que se valen para arrebatar vidas tan valiosas como la del agente y estudiante Ríos Paulino. Despojarlo de la motocicleta y del arma de reglamento tenía más valor que la vida para los dos asesinos que cometieron el hecho y de quienes se dice que se movilizaban en una moto acompañados de un niño de ocho años. Con los criminales no se puede tener piedad. Ellos no la tienen.

