James Holme, el estudiante de medicina que asesinó a 12 espectadores en una sala de cine de Denver, Colorado, ingresó al lugar vestido como agente especial Swat, con un fusil de asalto, una escopeta y dos pistolas que adquirió en una tienda con más facilidad que comprar un hot dot en la Quinta Avenida de Manhattan. Ese joven adquirió por Internet miles de cápsulas para armas automáticas, lo que ofrece una idea de lo sencillo que es en Estados Unidos emular al personaje de Rambo y actuar como él. Con la tragedia acaecida en la comunidad de Aurora, se abre de nuevo el debate sobre la pertinencia o no de que los estadounidenses puedan poseer arsenales en sus hogares o negocios o que ametralladora, pistolas y armas de todo tipo se expendan como pan caliente. Cada vez que algún desalmado o desquiciado se le ocurre perpetrar una matanza en universidades, escuelas, cines, plazas, hogar o recinto militar, se reaviva la discusión sobre la ley de armas o la enmienda constitucional que autoriza a los ciudadanos de Estados Unidos a poseerlas dizque para su defensa personal. Mientras, hay que esperar la próxima matanza.

