La responsabilidad con que ha abordado el escándalo de corrupción que involucra a su yerno, el duque de Palma, Iñaki Undargarin, representa un gran ejemplo para la clase política. No sólo ha decidido apartar a Undargarin de las actividades de la monarquía española, sino que ha optado por rendir cuentas sobre la distribución de los 8.43 millones de euros al año que recibe del Estado. A diferencia de la clase política, que suele atrincherarse, el monarca español ha considerado que lo prudente es dar cuentas de sus gastos. Se trata de un gesto que fortalece la admiración y el respeto que los españoles tienen por una monarquía que, en todas las circunstancias, ha sabido cumplir con sus deberes. También su autoridad moral. En lo que se aclara la supuesta apropiación de fondos públicos por la que se investiga al esposo de la infanta Elena, los reyes han decidido aislarlo de su entorno. Es una decisión ejemplar y prudente para no interferir con la investigación, máxime cuando su hija posee el 50% de las acciones de la empresa del duque de Palma.

