La crisis económica que abate a España parece haber tocado fondo, a juzgar por las espeluznantes cifras ofrecidas en la víspera, que revelan que el desempleo alcanza ya el 24.6 por ciento, con 5.6 millones de desempleados; el 53% de los menores de 25 anos no encuentra trabajo y en 1.7 millones de hogares, ninguno de sus miembros tiene empleo. A más de ese drama, el gobierno aplica un duro programa de restricciones económicas que agrava las condiciones materiales de los españoles y de millones de inmigrantes. Para que se tenga una idea de lo que ocurre en la Madre Patria, basta señalar que en los últimos doce meses se han perdido 885 mil puestos de trabajo, por lo que puede decirse que ha desaparecido todo vestigio del otrora estado de bienestar y de que esa nación donde residen cientos de miles de dominicanos, vive momentos infernales. España ha perdido en cinco años más de tres millones de empleos y la mayoría de la gente intenta guarecerse en algún empleo de medio tiempo con tal de poder llevar algo de comer a su familia. Es claro que los programas de restricción económica que aplica el Fondo Monetario, el Banco Europeo, bajo la influencia de Alemania, han agravado el clima de recesión en las llamadas economías periféricas de Europa (España, Portugal, Grecia, Irlanda e Italia). Mirémonos en ese espejo.

