De la misma manera que el ministro de Interior y Comercio, Manuel García Arévalo, ha intervenido para salvar el consumo de salami, tendrá que actuar frente a otros conflictos, entre los que figuran la distribución de gas licuado de petróleo, para salvar a las envasadoras y devolver la confianza en los consumidores. Porque también con el carburante, sobre cuya venta al público se consensuó un acuerdo entre Digenor y los distribuidores, hay un tenso pulso. El encuentro pautado para mañana entre Industria y Comercio y los que intervienen en el negocio del gas tiene que ser para procurar una salida sensata, que no perjudique a los consumidores ni a los distribuidores. Lo más saludable es que sea sobre la base de un acuerdo amplio y sincero entre las partes, incluyendo, por supuesto, a Pro Consumidor. Se da como un hecho que García Arévalo se aseguró de la calidad de los embutidos antes de exhortar a la población a que los siga consumiendo. Lo mismo debe hacer con el gas, sin importar que la venta sea por volumen o pesado.

