El brasileño Luis Inacio Lula da Silva se despide este sábado como uno de los presidentes más populares que ha tenido América Latina en toda su historia. El 87 por ciento de aceptación con que deja el poder es la mejor muestra. Su ecuanimidad y visión le permitieron sacar el máximo provecho al legado de su antecesor, a tal punto de colocar a Brasil entre las 10 principales economías del mundo y sacar de la pobreza a más de 29 millones de personas. La hazaña ha merecido importantes reconocimientos internacionales, entre los que figura la distinción de montar los próximos Juegos Olímpicos, una disputa que ganó nada más que a Estados Unidos. Lula da Silva, un extornero y líder del Partido de los Trabajadores también ha sido un factor clave en las negociaciones de paz en la región. Entrega el poder a su pupila Dilma Rousseff, quien tiene entre otros desafíos al menos preservar su legado. Lula da Silva no necesitó más de ocho años en el poder para acumular esas estadísticas, ampliamente reconocidas, que le han merecido una despedida en grande.

