El uso de armas largas en protestas populares, como ocurrió ayer en Navarrete, constituye, más que un simple alerta, una provocación abierta a las autoridades. No se trata de ningún sofisma, pues se estableció que el cabo Expedito Nicanor Fermín Báez, de 40 años de edad, fue ultimado de un balazo en el pecho hecho con un fusil. Pero todavía más. La Policía determinó que entre los disparos que se hicieron a la patrulla de la que formaba parte el agente había de carabina M-1 y de otras armas largas. Navarrete está en pie de lucha en demanda de obras comunitarias, algunas de las cuales paralizadas después del proceso electoral. Pero el uso de armas largas o de cualquier otro artefacto bélico sugiere que se trata de una declaración de guerra y no de una lucha reivindicativa. Los promotores de las sangrientas protestas sociales no tienen otra forma para desligarse del atentado terroristaque costó la vida al cabo Fermín Báez, que entregando a los responsables de la acción. Sin olvidar que palabras traen respuestas.

