No clama en el desierto el arzobispo metropolitano de Santiago con su exhortación a jóvenes, profesionales recién graduados y a la población para que los principios y valores sean el eje de su comportamiento. La necesidad que tiene la nación de restaurar las normas es para que el discurso de monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio sea asumido y difundido por todas personas y sectores preocupados por la suerte y el desarrollo del país.
Los principios pueden ser ese gran contrapeso al afán de enriquecimiento a como dé lugar, de prácticas deshonrosas y de la indolencia que en cada instante deja sus huellas en un cuerpo social lacerado por las inconductas.
Aparte del funesto ambiente que se ha formado en el país, De la Rosa Carpio, en un discurso con motivo de la sexágesima graduación ordinaria de la Universidad Católica Nordestana, estimó fundamental de todo profesional actuar con apego a los principios éticos y morales para impulsar la nación por nuevos senderos.
Quizás hoy más que nunca los valores deben ser el alma de una sociedad corroída por la violencia y una carencia de principios que raya en la descomposición.
