El tradicional mensaje navideño urbi et orbi no ha sido, por la generalidad y exclusiones, la mejor pieza del papa Benedicto XVI en torno a las amenazas que se ciernen sobre la humanidad. La distancia que observó de América Latina y la falta de especificidad al abordar la crisis mundial restaron impacto, a tal punto de considerársele vacío, a uno de los mensajes más importantes de la época navideña. Su Santidad advirtió que el mundo se encamina a la ruina si el egoísmo prevalece sobre la solidaridad en tiempos económicos difíciles para naciones ricas y pobres. América Latina, el gran bastión del catolicismo, no ha tardado en quejarse de la distancia observada por el Pontífice con relación a su problemática social y económica. Muchos esperaban una contundente condena a los métodos que han desatado la crisis económica y que tienen a la humanidad al borde del abismo. Pero, antes que enfrentarlos, sorprendió que, por las razones que fueren, el Papa los eludiera.

