Se trata de un repudiable exceso la agresión de la Policía contra miembros de la Coalición por una Educación Digna que protestaban frente al Palacio Nacional en demanda de más recursos para la enseñanza. La protesta no implicaba alteración del orden público, y para más pacífica ni siquiera se vociferaron insultos ni consignas contra el Presidente de la República ni ningún funcionario. Pero en contraste con el estilo sereno y respetuoso del jefe del cuerpo, mayor general José Armando Polanco Gómez, con censurable violencia los agentes del orden desalojaron a los manifestantes. También, como si se tratara de una ofensa, los despojaron las sombrillas amarillas con que matizaron su reclamo de un cuatro por ciento del Presupuesto para la enseñanza. La brutal acción indica que es una ofensa o un atentado a su integridad que le exijan al Gobierno cumplir las leyes respecto a la asignación de recursos para el sector educativo. Porque por una protesta tan inofensiva no había que agredir a los manifestantes frente al Palacio Nacional.

