Página Dos

PRIMERA FILA

<P>PRIMERA FILA</P>

Sea por el escándalo de espionaje o por cualquiera otra causa, la verdad es que la presidenta de Brasil figura entre los contados mandatarios que pueden permitirse plantarse de tú a tú a Estados Unidos, sin temer a las consecuencias.

Que los tiempos sean otros,  lo respetuoso que ha sido el presidente Barack Obama ni el impacto político quitan significación al gesto de Dilma Rousseff de cancelar una visita oficial a Estados Unidos en protesta por las revelaciones sobre el espionaje de que fue víctima.

Tampoco abundan muchos ejemplos como el que acaba de dar la mandataria brasileña, pues con relación a la violación de derechos, gobernantes de naciones poderosas ofrecieron una sumisión vergonzosa. Al cancelar la visita Dilma adujo que no había condiciones, toda vez que “las prácticas ilegales de interceptación de las comunicaciones y datos de ciudadanos, empresas y miembros del Gobierno brasileño constituyen un hecho grave”, que atenta contra la soberanía y es incompatible con la convivencia democrática entre países amigos. Un gesto que la honra y dignifica.

El Nacional

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